Valencia consolida su distrito tecnológico con la recta final del nuevo Sesame Campus

El futuro campus empresarial, impulsado por el grupo de Sesame y Base One, prevé abrir sus puertas a finales de año y aspira a convertirse en un nuevo punto de encuentro para empresas tecnológicas, startups y profesionales del ecosistema digital.

NOTICIA

Redacción

7/2/20262 min leer

La transformación del trabajo ya no se refleja únicamente en la forma de gestionar personas. También está cambiando los espacios donde las empresas innovan, colaboran y construyen cultura.

Valencia, una de las ciudades que más ha reforzado su posicionamiento como hub tecnológico durante los últimos años, sumará próximamente un nuevo actor a ese ecosistema. Sesame Campus, el proyecto impulsado por el grupo empresarial liderado por Albert Soriano, fundador y CEO de Sesame, entra en la fase final de su construcción y prevé abrir sus puertas entre finales de 2026 y comienzos de 2027.

Ubicado en las antiguas bases de Iberdrola, en La Marina de Valencia, el complejo ocupará cerca de 8.000 metros cuadrados y nace con una ambición que va más allá de convertirse en una nueva sede corporativa.

Un espacio pensado para generar comunidad

El proyecto combinará oficinas, espacios de trabajo flexibles, un auditorio con capacidad para 400 personas, áreas para eventos de hasta 1.000 asistentes, restaurante, gimnasio, terrazas, zonas de bienestar y un coffee work center concebido como punto de encuentro entre empresas, emprendedores e inversores.

Más que un edificio, el objetivo es crear un entorno donde la interacción entre compañías forme parte de la propia experiencia de trabajo.

"Queremos crear un punto de encuentro real para empresas internacionales, startups, emprendedores y nómadas digitales que buscan un entorno flexible, colaborativo y conectado con el ecosistema tecnológico de Valencia. Aspiramos a que el campus genere conversaciones, conexiones y nuevas oportunidades de colaboración", explica Ana Gil, CEO de Base One y responsable de Workplace Experience en Sesame.

El espacio de trabajo también forma parte de la estrategia de talento

Durante años, las oficinas fueron concebidas principalmente como lugares donde desarrollar la actividad diaria.

Sin embargo, la extensión del trabajo híbrido ha obligado a muchas organizaciones a replantear qué papel deben desempeñar sus espacios físicos.

Hoy las empresas buscan oficinas capaces de reforzar la cultura corporativa, facilitar el aprendizaje, favorecer la colaboración y convertirse en un elemento más de su propuesta de valor para atraer talento.

En ese contexto, los campus empresariales y los entornos compartidos están ganando protagonismo en las principales ciudades tecnológicas europeas.

Un impulso para el crecimiento de Sesame

El nuevo campus también permitirá acompañar la expansión de Sesame, que continúa creciendo como una de las compañías españolas especializadas en software para la gestión de Recursos Humanos con mayor presencia internacional.

Actualmente, la empresa trabaja con más de 15.000 organizaciones en más de 30 países de Europa, Estados Unidos y Latinoamérica y mantiene su estrategia de expansión en mercados internacionales.

La nueva sede permitirá ampliar su capacidad de crecimiento al tiempo que refuerza el papel de Valencia como uno de los principales polos tecnológicos del sur de Europa.

La oficina vuelve a cambiar de significado

La apertura de Sesame Campus refleja una tendencia que va mucho más allá de un proyecto inmobiliario.

En un momento en el que muchas organizaciones siguen redefiniendo el equilibrio entre presencialidad y flexibilidad, los espacios de trabajo vuelven a adquirir un papel estratégico.

Ya no se diseñan únicamente para alojar equipos.

Empiezan a concebirse como lugares donde construir comunidad, favorecer el intercambio de conocimiento y reforzar una cultura organizativa que, en un entorno híbrido, necesita cada vez más momentos de encuentro.

Porque, en la economía del talento, la oficina ya no compite solo por metros cuadrados.

También compite por convertirse en un lugar al que merezca la pena volver.