Si la IA permite producir el doble, ¿quién se queda con ese dividendo?
La inteligencia artificial permite ganar tiempo, pero cómo repartimos ese ahorro determinará su impacto en el bienestar de las personas y en el beneficio empresarial.
OPINIÓN


Hay una conversación sobre Inteligencia Artificial que creo que no estamos teniendo lo suficiente todavía. Porque sí, ya sabemos que podemos automatizar. Ya sabemos que a golpe de clic sacamos un informe que sin IA nos llevaría varias horas.
Bien, mi pregunta viendo el panorama es: si una persona incorpora la IA a su trabajo y consigue hacer en seis horas lo que antes hacía en ocho, ¿qué pasa con esas dos horas ganadas?
Podemos devolverle ese tiempo, utilizarlo para que aprenda, para que innove, o incluso plantear nuevas formas de organizar la jornada.
Pero lamentablemente, creo que la tendencia va en otra dirección: llenarle esas dos horas con más tareas todavía.
En lugar de aligerar carga, la aumentamos. Hay un informe de State of People Strategy 2027 de Lattice que recoge un dato que da que pensar: el 54% de los responsables de RR. HH. afirma que a los empleados se les está pidiendo más trabajo sin aumentar su salario. El año anterior era un 43%.
Una tendencia que, previsiblemente, irá en aumento. Antes hacías diez cosas, ahora, quince será lo normal. Y cuando puedas veinte, veinte será lo que se espera.
En definitiva, ese dividendo de productividad no se refleja en las personas, únicamente en beneficio empresarial.
Y ojo, no estoy defendiendo que las mejoras tecnológicas no deban hacerlo, especialmente en aquellas empresas que se esfuerzan para ser más competitivas e invierten en tecnología para ser más eficientes.
La diferencia es que si toda la eficiencia se traduce en más volumen de trabajo, quizá no estemos usando la tecnología para trabajar mejor, sino simplemente para trabajar más. Y aquí está la diferencia.
Llevamos años dándole visibilidad al burnout, a la importancia de desconectar, a la conciliación y a sentirnos bien en el trabajo, y ahora aparece una tecnología capaz de quitarnos de encima tareas repetitivas o de poco valor.
Tenemos una oportunidad enorme para rediseñar nuestra forma de trabajar, y siento que aprovecharla simplemente para llenar cada hueco que se consiga liberar sería una pena.
Porque esa hora ganada puede ser una hora para pensar. O para tener una conversación con alguien sin mirar el reloj. O mejorar ese proceso que nunca tenemos tiempo de revisar, o desarrollar esa idea que siempre está en la lista de «algún día/quizás».
Y sí, claro que esa hora ganada puede ser una hora para terminar antes la jornada.
El problema es que seguimos midiendo el valor del trabajo según la cantidad de actividades que somos capaces de meter en nuestra jornada. Por eso, si aparece una herramienta que hace actividades por nosotros, necesitemos rellenar ese hueco con más actividades aún.
Es en sí un cambio de mentalidad, ya que las herramientas cada vez serán más y más eficientes, y por ello, cada vez tendrá menos sentido medir el compromiso en función del tiempo ocupado.
Por eso me parece que esta es una de las grandes conversaciones para los próximos años. ¿Qué hacemos con el valor que genera la IA? ¿Mejoramos salarios? ¿Aumentamos el margen de la empresa? ¿Se convierte en jornadas más sostenibles? ¿Somos capaces de combinarlo todo al mismo tiempo?
Muchas preguntas que, por el momento, no tienen del todo respuesta. Lo que sí sabemos es que las empresas deberían tener claro desde ya quién se queda con el tiempo que nos da la IA.
Pienso que el impacto de la tecnología en el bienestar laboral dependerá de las decisiones que tomemos con las horas que consiga devolvernos. ¿Qué piensas tú al respecto?
