La pregunta que RRHH no puede evitar: ¿quién se beneficiará realmente de la inteligencia artificial?
El economista Branko Milanovic advierte de que la IA podría acelerar la concentración de riqueza y ampliar las desigualdades. Su reflexión plantea una cuestión incómoda para empresas y líderes de personas: cómo repartir el valor generado por la próxima gran revolución tecnológica.
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Durante los últimos dos años, gran parte de la conversación sobre inteligencia artificial ha girado alrededor de la productividad.
Cómo automatizar tareas. Cómo ganar eficiencia. Cómo reducir tiempos. Cómo hacer más con menos.
Sin embargo, uno de los economistas más influyentes en el estudio de la desigualdad cree que la pregunta importante es otra.
¿Quién capturará el valor que genere la inteligencia artificial?
Branko Milanovic, profesor de la City University of New York y antiguo economista jefe del Banco Mundial, ha lanzado una advertencia que trasciende el debate tecnológico. En una entrevista reciente concedida a Le Monde, sostiene que la IA podría acelerar una tendencia que lleva décadas desarrollándose: la concentración de riqueza en un grupo cada vez más reducido de personas y organizaciones.
Su argumento es sencillo.
Si las empresas son capaces de producir más utilizando menos trabajadores gracias a la automatización, una parte creciente de los beneficios terminará en manos de quienes controlan las infraestructuras tecnológicas, los algoritmos y el capital necesario para desarrollarlos.
"Habrá menos trabajadores para la misma producción", resume Milanovic.
La afirmación puede parecer lejana, pero conecta con una cuestión que cada vez preocupa más a los responsables de Recursos Humanos: qué papel desempeñará el trabajo humano en organizaciones donde la tecnología asume una parte creciente de las tareas que antes realizaban las personas.
El trabajo cambia más rápido que las reglas
La reflexión de Milanovic llega en un momento especialmente significativo.
Las empresas continúan invirtiendo miles de millones en inteligencia artificial y la mayoría de las organizaciones ya exploran formas de integrar estas herramientas en sus procesos. Al mismo tiempo, los profesionales intentan comprender qué capacidades seguirán siendo valiosas en un mercado laboral cada vez más automatizado.
Para el economista, el riesgo no reside únicamente en la sustitución de determinados puestos de trabajo.
La cuestión de fondo es que el capital tecnológico está mucho más concentrado que el talento.
Mientras los salarios suelen distribuirse entre millones de trabajadores, la propiedad de las plataformas, modelos de IA e infraestructuras digitales se concentra en un número muy reducido de empresas y accionistas.
Si esa tendencia se intensifica, el resultado podría ser una ampliación de las desigualdades económicas incluso en contextos donde la productividad siga creciendo.
El auge de una nueva élite
Milanovic lleva años estudiando cómo ha evolucionado la distribución de la riqueza en las economías avanzadas.
Uno de los conceptos que ha desarrollado es el de la homoplutía, una nueva élite formada por profesionales que acumulan simultáneamente ingresos elevados procedentes de su trabajo y de su patrimonio.
Ya no se trata únicamente de grandes propietarios o herederos.
Hablamos de altos directivos, emprendedores tecnológicos, inversores, abogados o especialistas altamente cualificados que ocupan al mismo tiempo la parte alta de la escala salarial y de la riqueza financiera.
La inteligencia artificial podría reforzar todavía más esta dinámica.
Porque quienes mejor sepan utilizar la tecnología, quienes la desarrollen o quienes posean una participación en las empresas que la controlan podrían capturar una parte desproporcionada de los beneficios generados por la nueva economía.
Una cuestión que afecta directamente a RRHH
Durante años, los departamentos de Recursos Humanos han trabajado para mejorar la experiencia de empleado, desarrollar capacidades y atraer talento.
Pero la inteligencia artificial introduce una pregunta que trasciende esas prioridades tradicionales.
¿Cómo mantener la cohesión y el compromiso dentro de una organización si los beneficios de la productividad tecnológica no se distribuyen de manera equilibrada?
La cuestión no es exclusivamente económica.
También afecta a la cultura corporativa, al liderazgo y a la percepción de justicia dentro de las empresas.
Si los profesionales perciben que la tecnología genera valor sin generar oportunidades equivalentes para las personas, la confianza puede convertirse en uno de los grandes desafíos de la próxima década.
Más allá de la automatización
La visión de Milanovic no es una predicción cerrada ni un rechazo a la innovación.
De hecho, reconoce que todavía es pronto para conocer el impacto real que tendrá la inteligencia artificial sobre el empleo.
Pero su reflexión introduce un matiz que a menudo queda fuera de las conversaciones empresariales.
La cuestión ya no consiste únicamente en qué tareas desaparecerán o qué profesiones surgirán.
La verdadera pregunta es cómo se repartirá el valor generado por la inteligencia artificial entre quienes la poseen, quienes la desarrollan y quienes trabajan con ella.
Para los líderes de Recursos Humanos, probablemente esa sea una de las conversaciones más importantes de los próximos años.
Porque el futuro del trabajo no dependerá solo de la tecnología que adopten las organizaciones.
También dependerá de cómo decidan compartir los beneficios que esa tecnología genere.
