La IA está mejorando la evaluación del talento. También está saturando los procesos.

La tecnología puede ayudarnos a encontrar y evaluar mejor el talento, pero también multiplicar el ruido. El reto no es automatizar más, sino saber qué decisiones no debemos delegar.

OPINIÓN

Gianluca Rosania

8/26/20263 min leer

Nunca había sido tan fácil aplicar a un empleo.

Y, al mismo tiempo, nunca había sido tan fácil que un buen candidato se perdiera en el proceso.

La IA está cambiando el recruiting en dos direcciones. Nos permite evaluar mejor algunas capacidades, pero también ha disparado el volumen de candidaturas y el ruido que llega a los equipos de selección.

Si no revisamos cómo diseñamos los procesos, solo vamos a automatizar los mismos problemas a mayor velocidad.

Evaluar más allá del CV

Seguimos dando mucho peso al CV: la empresa anterior, el cargo, los años de experiencia, la universidad o las palabras clave.

Sirven para empezar una conversación. Pero no dicen necesariamente cómo piensa una persona.

Hace poco hablaba con un fundador que fue uno de los primeros ingenieros de Glovo y que hoy está construyendo su propia startup. Me dijo algo que me quedó dando vueltas: con una entrevista de 30 minutos, en la que el candidato tiene que defender un case study, puedes entender muchísimo sobre su nivel real.

No porque una entrevista corta sea perfecta ni porque elimine sesgos.

Porque te permite observar cómo la persona estructura un problema, qué preguntas hace, qué prioriza, cómo defiende una decisión y cómo reacciona cuando cuestionas su lógica.

En perfiles de ingeniería y tecnología, eso puede decir mucho más que un CV impecable.

La IA puede ayudar a preparar mejor estos procesos y a evaluar información con más contexto. Hoy importa mucho saber resolver un problema, pero también explicar por qué lo resolverías de esa forma.

El problema: ahora todo el mundo puede parecer un candidato perfecto

La otra cara es que la IA facilita producir una candidatura muy convincente.

CVs impecables.
Cartas de presentación bien redactadas.
Respuestas alineadas con la vacante.
Palabras clave optimizadas.

Todo eso se puede hacer en minutos.

Cuando colaboré con Scopely, tuvimos un proceso para Full Stack Engineers que recibió 5.093 candidaturas en una semana.

Ningún recruiter puede revisar manualmente cinco mil CVs con el nivel de atención que merece una contratación. No es falta de esfuerzo. Es una cuestión de volumen.

Entre esas cinco mil candidaturas había muchas que no eran relevantes. Pero seguramente también había perfiles excelentes que nunca llegaron a ser vistos.

Ahí está el riesgo.

Los CVs mejor optimizados avanzan.
Las palabras clave pesan demasiado.
Los perfiles más visibles reciben atención antes.
Y gente muy buena se queda fuera por un proceso que ya no tiene capacidad de encontrarla.

La IA no creó ese problema, pero sí lo está multiplicando.

La automatización ya está entrando en cada parte del proceso

Ya no hablamos solo de filtrar CVs.

Herramientas como Atlast permiten que agentes trabajen en recruiting de forma end-to-end. Y en Workfully estamos viendo aplicaciones concretas de esto: tenemos un Delivery Agent que se adapta al hiring manager, se comunica con él o ella y mantiene visibilidad sobre el avance del proceso.

También contamos con un agente que nos ayuda a identificar al freelance recruiter más adecuado para un cliente concreto.

Eso puede quitar muchísimo trabajo operativo.

Un recruiter no debería pasar gran parte de su semana persiguiendo feedback, actualizando estados, coordinando información o buscando manualmente entre miles de candidaturas.

La tecnología puede encargarse de esa capa.

El trabajo humano debería estar en entender el contexto del negocio, hacer buenas preguntas, detectar potencial, crear confianza con candidatos y hiring managers, y tomar decisiones que requieren criterio.

El riesgo no está en automatizar. Está en delegar el juicio.

La IA puede ordenar información, resumir, detectar patrones y reducir tareas repetitivas.

Pero no debería decidir sola quién merece una oportunidad.

Hay decisiones que siguen requiriendo conversación, contexto y juicio. Un sistema puede identificar patrones; no siempre puede entender una trayectoria poco convencional, una motivación real o un potencial que todavía no cabe en una casilla.

También tenemos que hablar de regulación.

La legislación sobre IA aplicada a selección va a seguir evolucionando, y tiene que hacerlo. Estamos hablando de privacidad, sesgos y acceso al empleo.

Pero no hace falta esperar a que una ley nos marque el límite para aplicar la tecnología de forma responsable.

Cada empresa debería preguntarse:

  • ¿Qué parte del proceso estamos automatizando?

  • ¿Qué decisión sigue siendo humana?

  • ¿Qué señales estamos usando para descartar a alguien?

  • ¿Podemos explicar por qué una persona avanzó o quedó fuera?

La IA puede ayudarnos a tomar mejores decisiones y a liberar tiempo para el trabajo que de verdad necesita una persona.

También puede convertir un proceso de selección en una máquina que descarta talento sin entenderlo.

La diferencia no la marcará la herramienta.

La marcará nuestra capacidad de usarla con criterio, con límites claros y sin perder el toque humano.