“La gente no se gestiona. Se inspira, se escucha y se acompaña”

Tras años acompañando a CEOs, impulsando el movimiento Gefe con G y reflexionando sobre el liderazgo, Nacho Barraquer repasa en una conversación sin filtros los aprendizajes, fracasos, convicciones y proyectos que han marcado su trayectoria.

ENTREVISTA

Redacción

6/16/20268 min leer

Hay directivos que hablan de liderazgo desde la teoría. Otros lo hacen desde la experiencia. Y luego están quienes han vivido suficientes éxitos y fracasos como para entender que, detrás de cualquier estrategia empresarial, siempre hay personas.

Nacho Barraquer pertenece a esta última categoría. Ha sido CEO internacional, ha impulsado startups, ha liderado equipos en distintos países, ha atravesado una bancarrota que marcó su vida y hoy acompaña a líderes y organizaciones a repensar su forma de gestionar personas.

Su propuesta gira en torno a una idea sencilla, aunque incómoda para muchos modelos tradicionales de dirección: las empresas no necesitan más control, sino más humanidad. Hablamos con él sobre liderazgo, cultura organizativa, generaciones, fracaso y futuro.

La Voz del Talento: Has sido directivo internacional, emprendedor, CEO, profesor, asesor de líderes y fundador de varios proyectos. Cuando miras tu trayectoria, ¿qué hilo conductor une etapas que, vistas desde fuera, parecen tan distintas?

Nacho Barraquer: El hilo conductor ha sido siempre el mismo: entender qué mueve a las personas.

He pasado por multinacionales, empresas familiares, fondos de inversión, emprendimientos, aulas, escenarios y salas cerradas con CEOs. Desde fuera puede parecer una carrera con muchas vidas, pero desde dentro ha sido una sola obsesión: descubrir por qué algunas personas brillan, otras se apagan, algunas empresas enamoran y otras terminan enfermando a su gente.

Durante años pensé que mi carrera giraba alrededor de los resultados, el crecimiento, la expansión o las cuentas de explotación. Y sí, todo eso importa. Una empresa sin resultados es poesía con nóminas impagadas. Pero con el tiempo entendí que detrás de cada número hay una conversación, detrás de cada conversación hay una emoción y detrás de cada emoción hay una persona que puede sentirse protagonista o víctima de su propia historia.

Todo termina llevándote al ser humano. Ese ha sido siempre mi hilo conductor: de persona a persona, de ilusión a ilusión y de pasión a pasión.

Mi trayectoria no ha sido una línea recta. Ha sido una carretera con curvas, derrapes, adelantamientos y alguna salida de pista. Pero todo me llevaba al mismo lugar: ayudar a los líderes a dejar de gestionar cargos y empezar a despertar personas.

La Voz del Talento: En tu biografía aparece una experiencia poco habitual en perfiles de alta dirección: hablas abiertamente de la bancarrota que sufriste en 2012. ¿Qué aprendiste de aquel momento que probablemente no habrías aprendido en ninguna escuela de negocios?

Nacho Barraquer: Aprendí que puedes tener un MBA, haber dirigido empresas, entender los mercados y saber leer balances y, aun así, no tener ni idea de la vida.

La bancarrota fue mi máster más caro. Y no venía con diploma. Venía con vergüenza, miedo, llamadas incómodas, noches sin dormir y una pregunta que me perseguía constantemente: ¿quién soy yo si ya no tengo todo aquello que creía que me definía?

Empezar a entender que vales por lo que eres y no por lo que tienes es una maratón emocional. Porque cuando todo va bien es muy fácil hablar de resiliencia. Queda estupendo en LinkedIn. Pero la resiliencia de verdad se aprende cuando estás en el suelo, con el orgullo roto y descubriendo que el personaje que habías construido ya no puede salvarte.

Aprendí que el ego es un pésimo director financiero y que cuando lo pierdes casi todo descubres qué queda realmente y quiénes son las personas que permanecen a tu lado.

Aquella experiencia me quitó arrogancia y me regaló profundidad. Me quitó ruido y me regaló foco. Me obligó a construir una identidad más auténtica y, en buena medida, fue el origen de todo lo que vino después con el movimiento Gefe.

Ninguna escuela de negocios me enseñó eso. La vida sí.

La Voz del Talento: Llevas años defendiendo la figura del “Gefe con G”, un concepto que cuestiona muchos modelos tradicionales de liderazgo. ¿Cuál es la creencia sobre la gestión de personas que más cuesta desmontar cuando trabajas con directivos?

Nacho Barraquer: La idea más difícil de desmontar es que la gente se gestiona.

No. La gente no se gestiona. Se gestionan presupuestos, almacenes o agendas. Las personas se inspiran, se escuchan, se desafían, se acompañan y, cuando es necesario, también se confrontan con honestidad.

Durante décadas hemos diseñado organizaciones para controlar talento, no para liberarlo. Hemos colocado a las personas dentro de organigramas como si fueran piezas intercambiables y luego nos sorprende que falte compromiso.

El concepto de Gefe nace precisamente de esa ruptura. El jefe tradicional dirigía desde el miedo. El líder moderno intentó hacerlo desde la inspiración. Pero hoy necesitamos algo más: alguien capaz de entender que la felicidad organizacional no consiste en poner fruta en la oficina o celebrar cumpleaños.

La felicidad organizacional va de cultura, propósito, seguridad psicológica, conversaciones incómodas, coherencia, confianza y resultados.

Porque una empresa sana no es aquella donde todo el mundo sonríe constantemente. Es aquella donde las personas pueden decir la verdad sin miedo, crecer sin pedir perdón y comprometerse porque encuentran sentido a lo que hacen.

La gran batalla consiste en dejar de pensar que liderar es conseguir que la gente haga cosas y empezar a entender que liderar es conseguir que la gente quiera dar lo mejor de sí misma.

La Voz del Talento: Pasas más de 500 horas al año acompañando a CEOs y propietarios de empresas. Después de tantas conversaciones, ¿cuál es la preocupación que más se repite cuando desaparecen los discursos oficiales?

Nacho Barraquer: La soledad.

Cuando se cierran las puertas y desaparece el teatro corporativo, muchos CEOs no hablan primero de estrategia. Hablan de la soledad de quien decide, de quien asume riesgos, firma nóminas, toma decisiones difíciles y siente que no siempre tiene con quién compartir sus dudas.

Hay una frase que escucho constantemente: “Tengo mucha gente alrededor, pero no siempre tengo con quién hablar de verdad”.

Después aparece otra preocupación enorme: el talento. No tanto atraerlo como conseguir que permanezca comprometido.

Hoy existen muchos profesionales que no han abandonado físicamente la empresa, pero sí emocionalmente. Siguen asistiendo a reuniones, respondiendo correos y ocupando su puesto, pero ya no están conectados con el proyecto.

El gran reto del liderazgo actual consiste en gestionar esa tensión permanente entre los resultados que exige el negocio y la necesidad de construir culturas que generen compromiso real.

Mi trabajo no es dar frases motivacionales. Mi trabajo es ayudar a los líderes a ver aquello que normalmente prefieren no mirar.

La Voz del Talento: Durante años se ha hablado de liderazgo inspirador, transformacional o consciente. Sin embargo, muchas organizaciones siguen teniendo problemas de compromiso, confianza y rotación. ¿Qué estamos entendiendo mal sobre el liderazgo?

Nacho Barraquer: Estamos confundiendo liderazgo con escenografía.

Hemos llenado las empresas de conceptos brillantes, pero muchas veces falta lo esencial: coherencia.

El liderazgo no se demuestra en una convención anual ni en una presentación inspiradora. Se demuestra cuando alguien se equivoca, cuando surge un conflicto, cuando hay presión o cuando una persona se atreve a cuestionar una decisión.

El problema no es que falten conceptos. Sobran conceptos. Lo que falta es coherencia.

Durante demasiado tiempo hemos tratado el liderazgo como una habilidad estética. Pero liderar no consiste en parecer inspirador, sino en crear las condiciones para que las personas puedan aportar sin apagarse por el camino.

Además, seguimos cometiendo un error importante: pensar que el compromiso se exige.

El compromiso no se exige. El compromiso se merece.

Las personas se comprometen cuando encuentran verdad, justicia, crecimiento, propósito y humanidad. No porque alguien se lo ordene.

La Voz del Talento: Has trabajado con varias generaciones dentro de las organizaciones. ¿Y si el problema no fueran las generaciones, sino los modelos de gestión que intentan dirigirlas a todas igual?

Nacho Barraquer: Exactamente. Cada generación ha sido moldeada por contextos diferentes. Los baby boomers crecieron con la cultura del sacrificio. La generación X con la meritocracia. Los millennials empezaron a preguntarse por la felicidad. Y la generación Z ha llegado poniendo sobre la mesa cuestiones como la salud mental, la coherencia o el propósito.

Muchos directivos siguen intentando aplicar el mismo modelo de gestión a todos y luego se sorprenden cuando deja de funcionar.

No estamos ante una generación débil. Estamos ante una generación distinta.

El error está en pensar que tratar a todo el mundo igual es sinónimo de justicia. En realidad, la justicia consiste en comprender qué necesita cada persona para desarrollar su mejor versión.

Las empresas que entiendan esto tendrán una enorme ventaja competitiva. Las que sigan despreciando a las nuevas generaciones desde la nostalgia perderán talento, energía y futuro.

Porque la realidad no es que la gente ya no quiera trabajar. Lo que cada vez menos personas están dispuestas a aceptar son culturas sin alma.

La Voz del Talento: Estás involucrado en múltiples iniciativas. ¿Qué te ilusiona especialmente de los próximos años?

Nacho Barraquer: Quiero consolidarme como profesor colaborador en IESE y seguir creciendo como speaker en España y Latinoamérica. Son dos objetivos que me motivan especialmente.

Pero si hay un proyecto que ocupa hoy una parte importante de mi energía es mi séptimo libro, GAC456. Mi ambición es convertirlo en una referencia para la gestión humana y el liderazgo de organizaciones.

Quiero que sea algo más que un libro. Quiero que se convierta en un marco práctico capaz de ayudar a miles de empresas a construir culturas más maduras, más humanas y también más exitosas.

Los próximos años van a estar muy centrados en eso.

La Voz del Talento: Si tuvieras que apostar por una conversación que hoy apenas ocupa espacio en las empresas pero que será central dentro de cinco años, ¿cuál sería?

Nacho Barraquer: La madurez emocional de las organizaciones.

Hablamos mucho de inteligencia artificial, productividad, innovación o digitalización. Y todo eso es importante. Pero muy pocas empresas se preguntan cuál es su nivel de madurez emocional.

La inmadurez organizacional aparece en los egos descontrolados, en la búsqueda constante de culpables, en los silencios cobardes, en los correos pasivo-agresivos o en la incapacidad para asumir responsabilidades.

La inteligencia artificial va a dejar al descubierto aquello que realmente nos hace humanos.

Si las máquinas van a ejecutar, calcular y optimizar mejor que nosotros, nuestra ventaja competitiva estará en la empatía, la creatividad, la ética, el criterio y la capacidad de mantener conversaciones significativas.

Por eso creo que el futuro no pertenecerá a las empresas más tecnológicas, sino a las empresas más maduras utilizando tecnología.

La Voz del Talento: Has dedicado buena parte de tu carrera a ayudar a otros líderes a crecer. Cuando llegue el momento de mirar atrás, ¿qué te gustaría que dijeran quienes trabajaron contigo?

Nacho Barraquer: Me gustaría que dijeran algo muy sencillo: “Nacho me hizo mirar donde yo no quería mirar”.

No necesito que me recuerden como el más brillante o el más inspirador. Me gustaría pensar que ayudé a algunas personas a despertar.

Que después de una conversación, una ponencia o una formación ya no pudieron seguir liderando exactamente igual. Que entendieron que sus organizaciones necesitaban más confianza que control. Que aprendieron a decirse la verdad sin destruir relaciones.

Porque al final la huella no tiene que ver con los libros vendidos ni con los aplausos recibidos.

La huella real es aquello que cambia en una persona cuando tú ya no estás delante.

La Voz del Talento: Si pudieras dejar una sola frase escrita en la puerta de entrada de cualquier empresa para las próximas generaciones de directivos, ¿cuál sería?

Nacho Barraquer: “Aquí no venimos a mandar sobre personas; venimos a despertar lo mejor de ellas.”

Porque esa idea lo cambia todo.

El cargo te da responsabilidad, no superioridad. Te da capacidad de influir, no derecho a imponerte.

Las empresas del futuro no necesitarán más jefes inflados de autoridad. Necesitarán personas capaces de combinar resultados con humanidad, exigencia con cuidado, verdad con respeto, propósito con rentabilidad y ambición con alma.

Porque una empresa no es un logo, un organigrama o una cuenta de resultados.

Una empresa es una comunidad de personas intentando construir algo juntas sin perderse por el camino.

Y quizá ahí esté el verdadero reto del liderazgo en los próximos años. No dirigir mejor. Sino ayudar a que las personas crezcan mientras construyen algo valioso juntas.