La flexibilidad ya no basta: las empresas empiezan a revisar si el trabajo híbrido también es equitativo
Un informe de Croissant sostiene que muchos de los beneficios creados para impulsar el trabajo flexible han terminado generando desigualdades entre empleados. La ubicación, el acceso a espacios de trabajo y la forma de gestionar estos recursos se perfilan como un nuevo reto para Recursos Humanos.
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Durante los últimos cinco años, las empresas han invertido grandes esfuerzos en hacer posible el trabajo híbrido. Sin embargo, una pregunta empieza a ganar protagonismo entre los responsables de Personas: ¿es realmente igual de flexible para todos?
Según el informe The 2027 Workspace Benefits Guide, elaborado por Croissant, muchas de las políticas implantadas desde la pandemia nacieron como soluciones improvisadas y hoy generan diferencias entre empleados que rara vez se analizan.
El documento plantea una idea que resume todo el debate: la flexibilidad no siempre garantiza la equidad.
Cuando un beneficio depende de dónde vive cada empleado
El informe sostiene que uno de los principales problemas de los modelos híbridos actuales es que los beneficios relacionados con el espacio de trabajo no llegan de la misma forma a toda la plantilla.
En muchas organizaciones, el acceso a oficinas flexibles o espacios de coworking sigue concentrándose en grandes ciudades, mientras que quienes viven en zonas periféricas o alejadas de los principales centros empresariales disponen de menos alternativas.
Esta diferencia termina afectando a la experiencia del empleado y puede generar desigualdades que no siempre aparecen reflejadas en las políticas corporativas, pero sí en el día a día de los equipos.
El trabajo híbrido abre una nueva conversación sobre la igualdad
Croissant identifica cuatro grandes brechas que empiezan a preocupar a los departamentos de Recursos Humanos.
La primera es la brecha geográfica, que favorece a quienes trabajan cerca de los principales núcleos urbanos.
La segunda es la brecha de acceso, ya que algunos beneficios requieren adelantar dinero o conocer determinados procedimientos internos para poder utilizarlos.
La tercera afecta a la visibilidad profesional. El informe recuerda que distintos estudios muestran que los profesionales remotos son promocionados con menor frecuencia que quienes acuden regularmente a la oficina, mientras crecen fenómenos como el coffee badging, la práctica de acudir brevemente a la oficina únicamente para ganar visibilidad ante los responsables.
La cuarta tiene que ver con la edad y la experiencia. Los empleados más jóvenes suelen disponer de menos recursos para asumir determinados gastos asociados al trabajo flexible y, al mismo tiempo, son quienes más necesitan entornos donde puedan aprender de otros profesionales.
La infraestructura también forma parte de la experiencia del empleado
El informe defiende que el espacio de trabajo ha dejado de ser un beneficio aislado para convertirse en una parte esencial de la experiencia del empleado.
En este sentido, plantea que los programas de bienestar, el desarrollo profesional o incluso el proceso de incorporación de nuevas personas dependen, en parte, de que existan espacios que faciliten la colaboración y el aprendizaje presencial cuando resulta necesario.
Uno de los datos más llamativos del estudio apunta precisamente en esa dirección. A partir del análisis de más de tres millones de horas de uso de espacios de coworking, Croissant concluye que casi el 60% de la demanda responde a necesidades de colaboración, mientras que el trabajo individual representa únicamente el 15%.
La equidad también llega a la gestión del presupuesto
El informe introduce además una cuestión cada vez más presente en las conversaciones entre Recursos Humanos y Finanzas: cómo medir el retorno de estas inversiones.
Croissant sostiene que muchas compañías conocen cuánto gastan en espacios de trabajo, pero no pueden explicar qué impacto tienen esas inversiones sobre la productividad, la retención o el compromiso de los empleados.
En paralelo, recuerda que el 37% de las empresas prevé aumentar el uso de espacios de trabajo flexibles durante los próximos tres años, lo que obligará a desarrollar modelos de gestión más transparentes y medibles.
El siguiente paso del trabajo híbrido
Cinco años después de la generalización del trabajo flexible, el debate parece haber cambiado de naturaleza.
La cuestión ya no es únicamente desde dónde trabajan las personas, sino si las condiciones para hacerlo son realmente equivalentes para toda la plantilla.
Para los departamentos de Recursos Humanos, la conversación deja de centrarse exclusivamente en la flexibilidad y empieza a incorporar un nuevo criterio: la equidad en la experiencia del empleado, independientemente del lugar desde el que desarrolle su trabajo.
