España invierte en IA, pero no consigue llevarla a la práctica al mismo ritmo que Europa

Un estudio de Payhawk revela una brecha de 20 puntos entre inversión e implantación entre los líderes españoles en inteligencia artificial. El 40,8% carece además de bases sólidas tanto en gobierno como en datos.

NOTICIA

Redacción

8/27/20265 min leer

La carrera empresarial por la inteligencia artificial empieza a mostrar una segunda fase. Después de dos años dominados por los anuncios, los presupuestos y las pruebas piloto, la pregunta ya no es únicamente quién está invirtiendo en IA, sino quién está consiguiendo incorporarla realmente a su organización.

Y ahí España tiene un problema.

Un estudio de Payhawk sobre el grado de preparación para la inteligencia artificial revela una paradoja significativa: las organizaciones españolas están destinando recursos a la IA prácticamente al mismo nivel que sus homólogas internacionales, pero se encuentran considerablemente por detrás cuando llega el momento de implantarla.

Entre los profesionales españoles que se consideran líderes en madurez de IA, un 69,4% afirma disponer de preparación presupuestaria para invertir, ligeramente por encima del 68,9% del conjunto analizado. Sin embargo, solo un 49% considera que su organización está preparada en términos de implantación, frente al 64% de la muestra general.

Son más de 20 puntos de distancia entre tener presupuesto y ser capaz de convertirlo en realidad.

Y, según el estudio, es la mayor brecha entre inversión y ejecución registrada entre los países analizados.

El dinero no parece ser el problema

El informe, elaborado a partir de un estudio de 1.520 profesionales y con una muestra española de 220 participantes, dibuja una situación bastante más compleja que una simple falta de inversión.

España obtiene una puntuación media de madurez en IA de 5,33 sobre 10. Un 25,5% de los participantes españoles se considera dentro del grupo de organizaciones líderes, aunque solo el 1,4% se sitúa en los niveles 9 o 10, frente a aproximadamente un 5% en el conjunto del estudio.

El problema aparece cuando esa percepción de madurez se contrasta con las capacidades existentes.

Entre los líderes españoles de IA analizados, el 73,5% considera que dispone de competencias y herramientas, y el 69,4% afirma contar con capacidad de inversión.

Pero solo el 49% muestra un nivel elevado de implantación, el 44,9% dispone de unas reglas mínimas suficientemente desarrolladas y exactamente el mismo porcentaje considera preparada su infraestructura de datos.

La fotografía apunta a una cuestión cada vez más relevante para Recursos Humanos y para los equipos responsables de transformación: comprar tecnología puede ser bastante más rápido que transformar una organización para utilizarla bien.

El 40,8% tiene una doble deuda: datos y gobierno

Probablemente el dato más preocupante del estudio aparece al analizar conjuntamente dos condiciones necesarias para escalar la inteligencia artificial: disponer de buenos datos y contar con reglas claras para gobernar su utilización.

El 40,8% de los líderes españoles en IA no alcanza un nivel elevado en ninguna de las dos dimensiones. En la muestra global ese porcentaje cae hasta el 24,4%.

Solo un 30,6% de los participantes españoles considerados líderes presenta simultáneamente una preparación elevada en datos y gobierno, frente al 40,7% del conjunto.

Payhawk define esta situación como una especie de doble deuda: organizaciones que quieren avanzar en inteligencia artificial mientras todavía están construyendo dos de las infraestructuras necesarias para hacerlo de manera consistente.

Y la mayor debilidad está en los datos.

Los datos son el gran cuello de botella

Solo el 44,9% de los líderes españoles considera suficientemente preparada su organización en almacenamiento y disponibilidad de datos para la IA, frente al 61% de la muestra general.

La diferencia, de 16,1 puntos porcentuales, constituye la mayor brecha registrada por España en las dimensiones operativas analizadas.

Todavía más reveladora es la intensidad de las respuestas: apenas un 6,1% afirma estar completamente de acuerdo con que sus datos están preparados para la IA, frente al 12,8% del conjunto del estudio.

En cambio, un 51% permanece en una posición intermedia de “algo de acuerdo”.

Es decir, muchas compañías parecen haber identificado el problema y estar trabajando sobre él, pero pocas consideran haberlo resuelto.

La diferencia importa. Aplicaciones como las predicciones financieras, la detección de anomalías o determinadas automatizaciones dependen de la calidad y estructura de la información sobre la que trabajan.

Una IA sofisticada sobre datos deficientes sigue produciendo decisiones deficientes.

Más capacidades que reglas

La distancia entre preparación tecnológica y organizativa resulta especialmente llamativa entre las empresas españolas de entre 101 y 250 trabajadores.

En este segmento, el 90% declara disponer de capacidades y herramientas relacionadas con IA, pero solo un 20% presenta un nivel elevado de preparación en reglas y gobierno.

Son 70 puntos de diferencia entre capacidad y gobernanza.

Aunque el propio informe advierte de que estas segmentaciones se apoyan en muestras pequeñas y deben interpretarse como tendencias y no como conclusiones estadísticas definitivas, la distancia señala un fenómeno relevante: las personas pueden estar aprendiendo a utilizar la inteligencia artificial más deprisa de lo que las organizaciones están aprendiendo a gobernarla.

Para los departamentos de Recursos Humanos, esta brecha abre un terreno que va bastante más allá de la formación.

Implantar IA exige decidir qué herramientas pueden utilizarse, con qué información, bajo qué criterios, quién responde de las decisiones, qué debe supervisarse y qué capacidades necesitan realmente los profesionales.

España también desconfía más de la IA

Hay otra paradoja.

Los profesionales españoles son comparativamente más prudentes respecto a la inteligencia artificial. Solo el 55,4% confía en utilizarla manteniendo controles de pensamiento crítico, frente al 65,4% de la muestra general.

Es el resultado más bajo del estudio en esta cuestión.

Sin embargo, esa desconfianza no está generando necesariamente más controles. La preparación española en materia de reglas también se encuentra por debajo del promedio: 44,9% frente al 55,3%.

El propio análisis detecta una relación interesante entre ambos elementos. Los líderes españoles que confían en la IA aplicando supervisión crítica tienen más del doble de probabilidades de contar también con reglas de gobierno consolidadas: 56,7% frente al 26,3% entre quienes no muestran esa confianza.

La gobernanza, por tanto, podría no ser únicamente un mecanismo para controlar la inteligencia artificial. También puede convertirse en aquello que permite utilizarla con mayor confianza.

El reto de la IA empieza a parecerse menos a un reto tecnológico

España sí comparte buena parte de la ambición internacional sobre lo que debería conseguir esta tecnología.

Un 66,1% considera que la IA debería contribuir a mejorar la transparencia y la rendición de cuentas, prácticamente el mismo porcentaje que en el conjunto analizado (66,3%). Y otro 66,1% quiere utilizarla para trasladar tiempo desde las tareas administrativas hacia actividades más estratégicas.

La intención, por tanto, existe.

También existe el presupuesto.

Lo que todavía falta en muchas organizaciones son las condiciones que permiten pasar de experimentar con inteligencia artificial a incorporarla realmente al funcionamiento de la empresa: datos fiables, gobierno, procesos, integración tecnológica y capacidad para gestionar el cambio.

Esa puede ser una de las conversaciones más importantes para los líderes de personas durante los próximos meses.

Porque la ventaja competitiva quizá ya no esté en ser la empresa que más herramientas de IA compra ni en conseguir que más empleados aprendan a utilizarlas. Estará en conseguir algo bastante más difícil: crear una organización preparada para convertir esas herramientas en una nueva forma de trabajar.