El próximo ERE no lo marcarán los puestos, lo marcarán las skills

El trabajo ya no se organiza solo alrededor de cargos, sino de capacidades. El reto para las empresas será identificar, desarrollar y movilizar el talento antes de salir a buscarlo fuera.

OPINIÓN

Vicente Ribes

7/18/20262 min leer

Durante años, muchas organizaciones han gestionado el talento como si todo pudiera ordenarse en puestos, organigramas y descripciones cerradas. Ese modelo dio estabilidad, pero hoy empieza a quedarse corto. Porque el trabajo real ya no se mueve solo por posiciones, sino por proyectos, capacidades y velocidad de aprendizaje.

La inteligencia artificial ha acelerado todavía más este cambio. No solo porque automatiza tareas, sino porque obliga a revisar qué valor aporta una persona, qué capacidades dejan de ser diferenciales y cuáles serán críticas dentro de unos meses. En ese contexto, seguir gestionando talento únicamente desde el puesto resulta cada vez menos útil.

Por eso empieza a ganar fuerza la idea de la Skills Based Organization. No como una etiqueta más de People, sino como una forma distinta de entender la empresa: mapear skills, identificar capacidades reales y movilizar talento interno con más agilidad. En lugar de preguntarse solo qué vacantes hay que cubrir, la organización empieza a preguntarse qué skills tiene, cuáles necesita y cómo puede activarlas antes de salir fuera a buscarlas.

Aquí People tiene una oportunidad estratégica enorme. Si existe un banco de skills centralizado, gobernado con criterio y conectado al negocio, RR. HH. deja de ser un área que administra procesos y pasa a convertirse en el sistema que ayuda a decidir mejor sobre movilidad, aprendizaje, workforce planning y desarrollo. Dicho de otra manera: People deja de gestionar puestos y empieza a orquestar capacidad organizativa.

Y eso tendrá consecuencias cada vez más visibles, también en las decisiones difíciles. Porque en los próximos años muchas organizaciones no tendrán que decidir solo qué puestos sobran, sino qué skills necesitan conservar, reconvertir o acelerar. Ahí estará una de las diferencias entre una empresa que recorta mirando el organigrama y otra que transforma mirando su capacidad real.

Pero conviene no idealizar el concepto. Una Skills Based Organization no nace por comprar una plataforma ni por pedir a la plantilla que complete una lista de competencias. Nace cuando la empresa empieza a tomar decisiones reales con ese lenguaje común de skills. Si no ocurre eso, el riesgo es construir una taxonomía impecable que no cambia nada.

Quizá esa sea la pregunta de fondo para los próximos años: si de verdad queremos organizaciones más ágiles, ¿por qué seguimos gestionando personas como si fueran puestos fijos y no capacidades en movimiento? El futuro del trabajo probablemente no se diseñe alrededor del cargo que aparece en la firma del correo electrónico, sino alrededor de las skills que una organización es capaz de reconocer, desarrollar y movilizar a tiempo.