El modelo híbrido encuentra su equilibrio: uno o dos días de teletrabajo es la fórmula que genera mayor satisfacción

El 81% de los profesionales combina trabajo remoto y presencialidad, según un estudio internacional de ISS entre casi 11.000 personas. La oficina mantiene su valor para relacionarse y aprender, pero el 64% reclama una mejor experiencia para acudir más.

NOTICIA

Redacción

9/1/20264 min leer

La discusión sobre oficina o teletrabajo empieza a admitir una tercera respuesta: probablemente ninguno de los dos extremos.

El 81% de las personas empleadas combina actualmente el trabajo remoto con la presencia en la oficina, según el informe La (R)evolución del workplace: reimaginando la presencia, elaborado por Grupo ISS a partir de las respuestas de casi 11.000 profesionales de 15 países.

Pero hay un dato más revelador que el propio porcentaje de trabajo híbrido. La modalidad que registra mayores niveles de satisfacción es aquella que combina la presencialidad con uno o dos días de teletrabajo a la semana.

La fotografía apunta hacia una cierta estabilización después de años de debate sobre dónde debemos trabajar. Para muchas personas, la flexibilidad continúa siendo importante, pero eso no significa necesariamente que quieran abandonar la oficina.

La cuestión parece desplazarse hacia otro terreno: para qué merece la pena acudir a ella.

La oficina sigue teniendo algo difícil de reproducir en remoto

El estudio de ISS muestra que el 71% de los profesionales continúa considerando la oficina un espacio relevante para conectar con los equipos, aprender y desarrollarse profesionalmente.

Cuando se pregunta por sus principales beneficios, el 52% destaca la posibilidad de pasar tiempo con los compañeros y el 40% valora especialmente compartir conocimiento y aprendizajes.

Son precisamente algunas de las dimensiones del trabajo que más difícil resulta trasladar íntegramente a una videollamada.

El dato introduce un matiz importante en la conversación sobre presencialidad. La oficina puede estar perdiendo parte de su papel como lugar imprescindible para ejecutar tareas individuales, pero mantiene valor como espacio de relación, aprendizaje informal y construcción de vínculos profesionales.

Eso cambia también la pregunta que deberían hacerse las organizaciones. Quizá ya no sea cuántos días deben acudir sus empleados, sino qué debería suceder durante esos días para justificar el desplazamiento.

El 64% mejoraría la oficina antes de acudir más

Aquí aparece una de las principales contradicciones que recoge el informe.

Aunque la oficina mantiene un valor significativo para buena parte de los profesionales, una de cada cuatro personas se muestra insatisfecha con el entorno y las condiciones de las instalaciones.

Además, el 64% considera necesarias mejoras en las instalaciones o en la propia experiencia del espacio de trabajo para incentivar una mayor asistencia.

El dato resulta especialmente relevante en un momento en el que algunas organizaciones están endureciendo sus políticas de presencialidad.

Si prácticamente dos de cada tres profesionales creen que la experiencia debería mejorar para acudir más, aumentar los días obligatorios puede resolver la ocupación de la oficina, pero no necesariamente el problema de fondo.

Presencia y pertenencia no son la misma cosa.

Una organización puede conseguir que sus empleados estén físicamente en un edificio determinados días de la semana. Otra cuestión es que ese espacio facilite realmente mejores conversaciones, colaboración, concentración o aprendizaje que los que podrían producirse trabajando desde otro lugar.

No todos necesitamos la misma oficina

El estudio identifica además cuatro grandes perfiles de usuarios con necesidades diferentes: desde profesionales que buscan rutinas estables o espacios donde concentrarse hasta personas que acuden de manera intencionada para colaborar y aprender o que valoran especialmente la coherencia entre el espacio y sus valores personales.

Esta diversidad cuestiona otra de las inercias heredadas del modelo tradicional: diseñar una única experiencia de oficina para todos.

Un profesional que necesita varias horas de concentración no busca lo mismo que alguien que ha decidido desplazarse precisamente para mantener reuniones con su equipo. Tampoco utilizan el espacio de la misma manera quienes acuden cinco días a la semana y quienes concentran su presencialidad en momentos concretos.

Para Recursos Humanos y los responsables de workplace, la consecuencia es relevante: la flexibilidad no termina cuando se decide cuántos días se puede teletrabajar. También afecta a cómo se diseña la experiencia presencial.

De gestionar metros cuadrados a justificar la presencialidad

ISS plantea que el workplace está evolucionando hacia un modelo que integra tecnología, sostenibilidad y bienestar y en el que las empresas dejan de limitarse a gestionar metros cuadrados para diseñar experiencias.

Más allá del planteamiento de la compañía, los datos del estudio apuntan hacia un cambio reconocible.

Antes de la generalización del trabajo híbrido, la oficina apenas necesitaba justificar su existencia: era simplemente el lugar donde se trabajaba.

Ahora compite con una alternativa que, para determinadas tareas y profesionales, ofrece ventajas evidentes en tiempo de desplazamiento, autonomía y conciliación.

Eso eleva las expectativas sobre la experiencia presencial.

Si una persona se desplaza hasta la oficina para pasar buena parte del día participando en videollamadas o realizando individualmente las mismas tareas que podría hacer desde casa, la presencialidad corre el riesgo de convertirse en una obligación logística más que en una experiencia profesional con sentido.

El debate ya no debería ser oficina contra teletrabajo

Cinco años después de que el trabajo remoto alterase profundamente las reglas de la presencialidad, los datos de ISS sugieren que muchos profesionales no parecen buscar una elección absoluta entre casa y oficina.

Buscan combinar ambos espacios.

Para las empresas, eso hace que la conversación sea algo más compleja que establecer un número de días obligatorios.

El reto consiste en identificar qué trabajo merece presencialidad, qué momentos necesitan proximidad y qué experiencia debe ofrecer una oficina para aportar algo que el trabajo remoto no puede proporcionar con la misma facilidad.

Quizá el futuro de la oficina no dependa tanto de conseguir que las personas vuelvan.

Dependa de conseguir que, cuando vuelvan, entiendan por qué ha merecido la pena ir.