"El mejor talento no busca solo una buena empresa: busca un lugar donde aportar, crecer y sentirse orgulloso de lo que construye"
Marga Maldonado reflexiona sobre liderazgo, selección, propósito y el verdadero papel de Recursos Humanos en organizaciones que quieren crecer a través de las personas.
ENTREVISTA


Hay profesionales que llegan a Recursos Humanos por vocación. Y otros que descubren esa vocación con el tiempo. Marga Maldonado pertenece a este segundo grupo. Tras más de dos décadas de trayectoria, hoy defiende una visión de la función profundamente conectada con el negocio, convencida de que las organizaciones solo generan valor cuando consiguen que las personas también crezcan. En esta conversación comparte aprendizajes sobre liderazgo, selección, cultura y propósito desde una mirada tan crítica como optimista.
La Voz del Talento: Después de más de veinte años en Recursos Humanos, ¿qué fue lo que te hizo enamorarte de esta profesión y seguir sintiendo la misma pasión por ella?
Marga Maldonado: El amor por la profesión me ha venido a fuego lento y sin querer. Igual que caí en ella por casualidad, todo lo demás también ha ido surgiendo.
Hay algo que casi nunca cuento, y creo que hoy es un buen momento para hacerlo.
Durante mucho tiempo fui bastante crítica con esta profesión. Yo quería estar cerca del negocio, ayudar a las empresas a crecer y a ganar dinero, pero sin perder de vista lo más importante: las personas. Quería contribuir a que estuvieran bien cuidadas, comprometidas y pudieran desarrollarse.
Sin embargo, las direcciones de Recursos Humanos que conocía entonces no me inspiraban. Mi percepción era la de profesionales alejados de la realidad del negocio, encerrados en despachos, centrados en procesos administrativos y para quienes daba igual trabajar en una empresa de zapatos que en una de marketing. El propósito, la estrategia y el impacto empresarial parecían quedar en un segundo plano.
Por eso nunca imaginé que algún día ocuparía una posición de dirección en este ámbito. Más allá de eso, incluso pensaba que en algún momento debería cambiar de área para poder impactar de la forma que quería hacerlo.
Hasta que llegó una oportunidad: asumir una Dirección de Talento y formar parte del comité de dirección de una gran compañía. Fue entonces cuando descubrí otra manera de entender esta función. Una forma de estar en la primera línea de los grandes proyectos, participando en decisiones estratégicas y contribuyendo directamente al éxito del negocio a través de las personas.
Hace ya diez años de aquello y, desde entonces, cada día me gusta más lo que hago. ¡Y me lo paso en grande!
Pero lo mejor no es eso. Lo mejor es haber encontrado a muchas personas que entienden este rol de la misma manera: como una palanca que impulsa a las organizaciones hacia sus objetivos y, al mismo tiempo, ayuda a las personas a crecer, comprometerse y estar mejor.
Y cuando ambas cosas ocurren a la vez, es cuando realmente se crea valor. Es esa sensación de aportar valor a la empresa y hacer el bien a las personas la que me mantiene completamente enganchada a esta profesión.
La Voz del Talento: Si tuvieras que resumir en una sola lección todo lo que has aprendido trabajando con personas durante estos años, ¿cuál sería?
Marga Maldonado: Una de las cosas más valiosas que he aprendido es que no existe una solución perfecta que sirva para todas las personas.
La misma decisión que impulsa a una persona puede desmotivar a otra. Podemos hablar de una decisión retributiva, de un beneficio o de un proyecto. Siempre habrá alguien que no esté satisfecho. Y eso es completamente natural.
Por eso trabajar con personas exige escuchar mucho, entender el contexto y aceptar que liderar no consiste en gustar a todo el mundo, sino en tomar decisiones justas y explicarlas con honestidad.
Pero no siempre es suficiente y hay que desarrollar una gran tolerancia a la crítica y a la frustración.
Muchas veces he preparado iniciativas con muchísimo cariño y convencida del impacto positivo que iban a tener y, después, se han convertido en un auténtico fracaso.
La suerte que tengo es que siempre veo el vaso medio lleno. Si hago algo para cien personas y a ochenta no les gusta, celebro que haya veinte que sí hayan recibido un impacto positivo… y vuelvo a intentarlo.
Eso sí, hay que escuchar siempre cualquier comentario. Taparse los oídos nunca ayuda a mejorar.
La Voz del Talento: Has pasado por entornos muy distintos: tecnología, impacto social, educación y salud. ¿Qué tienen en común las organizaciones que consiguen atraer y fidelizar el mejor talento?
Marga Maldonado: Aunque los sectores sean muy diferentes, tengo la firme convicción de que las organizaciones que consiguen atraer y fidelizar el mejor talento comparten tres características.
La primera es un propósito claro. No necesariamente un propósito social, sino una razón de ser que las personas entienden y con la que pueden conectar.
La gente quiere saber que su trabajo contribuye a algo importante. No solo conocer la misión de la empresa, sino comprender cuál es su aportación concreta dentro de ese propósito.
La segunda característica es la coherencia. He visto empresas con discursos maravillosos que luego no se reflejan en las decisiones del día a día. Y también organizaciones mucho más discretas que generan una enorme fidelidad porque cumplen lo que prometen.
La confianza se construye cuando lo que dices y lo que haces van de la mano.
La tercera es el crecimiento. Las personas quieren sentirse valoradas, pero también aprender, evolucionar y desarrollar todo su potencial.
Y crecer no significa necesariamente ascender.
Para mí, crecer consiste en mirar hacia atrás y reconocer todo lo que has aprendido, las responsabilidades que has asumido y la confianza que has ganado en ti mismo.
Las mejores organizaciones que he conocido son aquellas que consiguen que las personas sientan que hoy son mejores profesionales que cuando llegaron.
Si tuviera que resumirlo en una sola idea diría que el mejor talento no busca únicamente una buena empresa para trabajar. Busca un lugar donde aportar, crecer y sentirse orgulloso de lo que construye.
La Voz del Talento: En Top Doctors trabajáis con una misión muy ligada al cuidado de las personas. ¿Cómo influye el propósito de una organización en la experiencia que viven sus empleados?
Marga Maldonado: Me encanta esta pregunta porque creo que el propósito es una de las principales razones por las que muchas personas queremos formar parte del Grupo Top Doctors.
Nuestra misión es muy clara: transformar los sistemas de salud para que la atención médica de alta calidad sea un derecho accesible para cualquier persona, eliminando barreras geográficas y digitales.
Somos un puente tecnológico que conecta a los pacientes con los mejores especialistas del mundo justo cuando más lo necesitan.
Y cuando trabajas en una organización con un propósito tan tangible, tu trabajo adquiere un significado completamente diferente.
Sabes que detrás de cada proyecto, cada desarrollo tecnológico o cada proceso hay pacientes reales. Personas que mañana podrían ser nuestra madre, nuestra pareja, nuestros hijos o nosotros mismos.
Eso genera una conexión emocional muy poderosa.
Ahora bien, un reto tan ambicioso no se consigue solo con tecnología.
Se consigue gracias a las personas.
Por eso creo que el propósito influye en la experiencia del empleado cuando va acompañado de una cultura que cuida, desarrolla y reconoce el talento.
Soy bastante exigente y sé perfectamente que no somos una organización perfecta.
Pero compartimos una obsesión por la mejora continua, tanto de nuestros productos como de la experiencia de nuestros equipos.
Cuando las personas entienden el propósito y sienten que forman parte de algo relevante, dejan de limitarse a hacer su trabajo y empiezan a remar junto a la organización.
La Voz del Talento: Llevamos años hablando de poner a las personas en el centro. ¿Crees que las organizaciones están más cerca de conseguirlo o seguimos confundiendo discurso con realidad?
Marga Maldonado: Soy una persona muy optimista y veo muchos avances reales.
Pero también soy muy crítica y me gustaría que dejáramos de ver, de verdad, a las personas como un recurso. O, mejor dicho, que dejaran de percibir que las vemos así.
Porque lo que haga una organización no tiene impacto si la percepción de las personas es otra.
Creo que muchas empresas están realizando esfuerzos importantes en bienestar, desarrollo y experiencia del empleado.
El problema es que, en demasiadas ocasiones, no estamos consiguiendo que las personas lo vivan o confíen realmente en ello.
Cuando existe distancia entre lo que la organización dice, hace y las personas experimentan, el vínculo se rompe.
Entonces la relación se vuelve puramente transaccional.
Uno de los momentos donde mejor se observa cómo trata una organización a las personas es cuando aparecen tensiones entre los resultados y las personas.
Es precisamente en los momentos difíciles donde se revela la verdadera cultura de una empresa.
Poner a las personas en el centro no consiste en tener una buena propuesta de valor o beneficios atractivos.
Consiste en tomar decisiones coherentes y justas cuando aparecen las dificultades.
La Voz del Talento: Has liderado procesos de selección durante buena parte de tu carrera. ¿Qué estamos haciendo mal hoy en la forma de atraer, evaluar y enamorar al talento?
Marga Maldonado: Quienes me conocen saben que tengo un lugar muy especial en mi corazón para la selección.
Y quizá precisamente por eso soy especialmente crítica.
La primera práctica que deberíamos revisar es decir que sí a una persona cuando en realidad deberíamos decirle que no.
Hay profesionales excelentes que simplemente no encajan con el momento, la cultura o el reto de una organización.
Y también empresas que no son el lugar adecuado para que determinadas personas desarrollen su potencial.
En esos casos, la decisión más responsable no es contratar, sino dejar marchar.
La segunda reflexión tiene que ver con algo de lo que hablamos muy poco: los entrevistadores también somos personas.
Llegamos a las entrevistas con nuestras emociones, preocupaciones y circunstancias personales.
Por eso deberíamos normalizar poder decir que no estamos en condiciones de realizar una entrevista en ese momento.
Igual que esperamos que un candidato llegue preparado para ofrecer su mejor versión, deberíamos exigirnos exactamente lo mismo.
Y hay una tercera cuestión que me sigue sorprendiendo: la enorme cantidad de entrevistas que todavía se realizan sin preparación previa.
Leer un currículum, comprender una trayectoria, conocer la posición y definir qué queremos evaluar no es opcional.
Es una muestra de respeto hacia la persona que tenemos delante.
Pedimos a los candidatos que investiguen la empresa y preparen la entrevista.
Lo mínimo que podemos hacer es corresponder con el mismo nivel de preparación.
Cuando una entrevista se improvisa, no solo aumenta el riesgo de equivocarnos; también transmitimos cuánto valoramos realmente a esa persona.
La Voz del Talento: Entre la inteligencia artificial, la automatización y los nuevos modelos de trabajo, ¿qué capacidades humanas crees que serán más valiosas durante la próxima década?
Marga Maldonado: Para mí la verdadera pregunta es otra: ¿qué nos hará seguir siendo valiosos como seres humanos?
La tecnología automatiza tareas, procesos e incluso parte de la toma de decisiones.
Pero hay capacidades que no perderán valor; al contrario, lo incrementarán.
Pienso en la capacidad de aprender y desaprender constantemente, en el pensamiento crítico, en la creatividad y en la adaptabilidad.
Más allá de eso, vivimos una etapa tremendamente emocional.
Las pantallas pueden acercarnos, pero el contacto humano sigue siendo lo que realmente nos une.
Por eso la empatía, la comunicación, la colaboración, la influencia y la capacidad de generar confianza serán más importantes que nunca.
Porque las organizaciones siguen siendo comunidades de personas que necesitan entenderse, colaborar y avanzar juntas.
Cuanto más tecnológica sea una organización, más importantes serán las habilidades humanas.
La tecnología podrá generar contenido, pero no podrá generar propósito.
La Voz del Talento: Cuando dentro de veinte años alguien recuerde tu contribución a la profesión de Recursos Humanos, ¿qué te gustaría que dijera que ayudaste a cambiar?
Marga Maldonado: Lo que más me gustaría es saber que alguien eligió su propio camino profesional después de escucharme hablar del mío.
No porque decidiera dedicarse a Recursos Humanos, sino porque me vio disfrutar de lo que hacía y entendió que también era posible encontrar una profesión que le hiciera sentirse realizado.
Creo que el mundo necesita más personas que trabajen con ilusión, propósito y pasión.
Personas que no persigan una profesión concreta, sino una vida profesional alineada con quienes son y con aquello que les mueve.
Puedo decir que mi camino no ha sido fácil.
He vivido incertidumbre, decisiones complejas y desafíos importantes.
Pero precisamente por eso valoro enormemente la posición privilegiada en la que me encuentro hoy.
He aprendido que la felicidad profesional no consiste en evitar las dificultades, sino en encontrar sentido incluso en ellas.
Si pudiera dejar algún legado, sería demostrar que se puede ser feliz trabajando.
Que es posible construir una carrera profesional de la que sentirse orgulloso, disfrutando tanto de los éxitos como de las piedras del camino y tratando siempre de generar un impacto positivo en las personas, en las organizaciones y, por supuesto, también en los resultados del negocio.
