El estrés de septiembre no es igual para todos: cinco profesiones especialmente expuestas en la vuelta al trabajo

Sanidad, educación, fuerzas de seguridad, transporte por carretera y atención al cliente reúnen algunos de los principales factores de riesgo psicosocial: presión, turnos, elevada carga emocional, ritmos intensos y escaso control sobre el trabajo. La vuelta de vacaciones puede hacer más visibles problemas que no empiezan en septiembre.

NOTICIA

Redacción

9/3/20264 min leer

Septiembre tiene su propia aceleración laboral. Regresan las reuniones, se acumulan los correos pendientes, cambian nuevamente los horarios y reaparece la presión por recuperar rápidamente el ritmo anterior a las vacaciones.

Pero no todas las vueltas al trabajo son iguales.

Mientras para algunos profesionales septiembre supone fundamentalmente recuperar rutinas, otros regresan a empleos en los que la presión, los turnos, la carga emocional o la necesidad de tomar decisiones constantemente forman parte de la propia estructura del trabajo.

Una revisión difundida por Grupo Farmasierra, apoyada en referencias del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST), la Agencia Europea para la Seguridad y Salud en el Trabajo (EU-OSHA) y la Organización Mundial de la Salud, pone el foco en cinco colectivos especialmente expuestos a factores de riesgo psicosocial: profesionales sanitarios, docentes, fuerzas y cuerpos de seguridad, conductores de transporte por carretera y trabajadores de atención al cliente.

La cuestión resulta relevante para Recursos Humanos porque introduce un matiz en la conversación habitual sobre la vuelta de vacaciones: no todo el estrés puede resolverse enseñando al empleado a gestionarlo mejor.

En ocasiones, el problema está en cómo está diseñado el trabajo al que regresa.

Sanidad: presión asistencial y carga emocional

Los profesionales sanitarios combinan varios factores especialmente exigentes: presión asistencial, turnos rotatorios, posibles situaciones de escasez de personal y una elevada carga emocional.

La combinación dificulta que la vuelta pueda gestionarse simplemente como una recuperación progresiva de la rutina.

La doctora Ana I. Ortiz Gutiérrez, gerente del Área de Salud de Farmasierra, señala que determinadas profesiones regresan a condiciones en las que “los turnos, la presión asistencial o la elevada carga emocional” hacen especialmente exigente la readaptación.

Cuando esa situación de alerta se prolonga, pueden aparecer cansancio mental, irritabilidad, alteraciones del sueño o dificultades de concentración, según explica la especialista.

Educación: septiembre no es precisamente una vuelta gradual

Para los docentes, el regreso coincide además con uno de los momentos más intensos del calendario profesional.

Preparación del curso, organización de las clases, reuniones, nuevos alumnos, objetivos académicos y gestión del aula se concentran en un periodo relativamente corto.

A ello se añaden factores que permanecen durante el curso: conflictos, exigencia emocional y tareas que pueden extenderse más allá del horario lectivo.

La vuelta de vacaciones coincide así precisamente con un pico de actividad, dificultando esa reincorporación progresiva que suele recomendarse para reducir el impacto del regreso al trabajo.

Fuerzas de seguridad: volver a tomar decisiones bajo presión

Policías y otros integrantes de las fuerzas y cuerpos de seguridad trabajan habitualmente en contextos donde la atención y la toma de decisiones pueden producirse bajo situaciones de tensión.

La nota destaca especialmente la exposición de directivos y mandos intermedios, que al regresar pueden encontrarse además con decisiones pendientes, reuniones, comunicaciones acumuladas y presión por resultados.

En estos casos, la carga no procede únicamente del volumen de trabajo, sino de la responsabilidad asociada a determinadas decisiones y de la necesidad de mantener niveles elevados de atención.

Transporte: cuando el tiempo forma parte de la presión

En el transporte por carretera aparece otro factor: la gestión del tiempo.

Dependiendo del tipo de conducción y actividad, los profesionales pueden enfrentarse a distintos niveles de tensión vinculados a horarios, planificación y exigencias operativas.

Es un elemento especialmente relevante porque se trata de un sector que ya afronta otros desafíos relacionados con las condiciones laborales y la disponibilidad de profesionales.

La reincorporación, por tanto, se produce dentro de un trabajo donde mantener la concentración durante periodos prolongados forma parte de la seguridad del propio profesional y de terceros.

Atención al cliente: gestionar también las emociones de otros

El quinto colectivo señalado es el de los profesionales de atención al cliente, especialmente quienes trabajan en centros de atención telefónica.

El gran volumen de consultas, la monitorización, el control de los tiempos y la exposición continuada a reclamaciones o situaciones conflictivas generan una combinación particular de presión.

A diferencia de otros trabajos, existe además una exigencia emocional añadida: mantener una interacción adecuada incluso cuando la persona que está al otro lado está enfadada o la conversación resulta difícil.

El INSST ha identificado precisamente diferentes riesgos psicosociales asociados al trabajo en centros de atención telefónica.

El problema de llamar a todo “estrés posvacacional”

Existe una tentación de interpretar el malestar de septiembre como un fenómeno fundamentalmente individual.

Dormir mejor, recuperar progresivamente los horarios, realizar actividad física o evitar una agenda imposible durante los primeros días pueden facilitar la transición después de varias semanas de descanso.

Pero esa explicación tiene un límite.

Si una persona vuelve a una plantilla insuficiente, una carga de trabajo excesiva, turnos difíciles de conciliar o una posición sometida permanentemente a presión, el problema no está únicamente en cómo gestiona su regreso.

Los riesgos psicosociales tienen precisamente esa dimensión organizativa: están relacionados con las condiciones y la forma en que se diseña y desarrolla el trabajo.

Eso desplaza parte de la responsabilidad desde el empleado hacia la organización.

Septiembre también puede servir como termómetro para RRHH

La vuelta de vacaciones puede ser un buen momento para observar señales que durante el resto del año terminan normalizándose.

Picos de absentismo, dificultades para recuperar el ritmo, cansancio persistente, conflictos, sobrecarga de determinados equipos o problemas recurrentes de planificación pueden ofrecer información más valiosa que atribuir automáticamente el malestar a la vuelta de las vacaciones.

Para Recursos Humanos, la cuestión no consiste en eliminar cualquier situación de estrés —algo difícilmente realista—, sino en identificar cuándo la exigencia inherente a un trabajo se convierte en una exposición sostenida que podría prevenirse mediante mejores decisiones organizativas.

Porque las vacaciones pueden aliviar temporalmente el cansancio.

Pero si el problema está en cómo está diseñado el trabajo, septiembre simplemente lo vuelve a poner delante de nosotros.