El coste de la vida obliga a siete de cada diez trabajadores a replantear sus vacaciones

Un estudio de Randstad revela que el 77,3% de los profesionales modificará sus planes de verano por el encarecimiento del coste de vida. Reducir los días de descanso o buscar destinos más económicos se ha convertido en una consecuencia más de la presión sobre el poder adquisitivo.

NOTICIA

Redacción

7/29/20263 min leer

Las vacaciones dejan de ser únicamente una cuestión de descanso para convertirse también en un ejercicio de ajuste presupuestario.

El incremento sostenido del coste de la vida está obligando a miles de trabajadores a revisar sus planes estivales. Según un estudio de Randstad realizado entre cerca de 5.700 profesionales, el 77,3% afirma que modificará sus vacaciones este año como consecuencia del aumento de los precios, mientras que el 73,9% reconoce haber cambiado ya sus hábitos de consumo cotidianos.

Más allá de las cifras, el dato refleja una realidad que empieza a tener impacto también en las organizaciones: cuando el presupuesto condiciona el descanso, también puede hacerlo sobre el bienestar, la recuperación y la experiencia del empleado.

Menos días o destinos más baratos

El principal ajuste se produce en la duración de las vacaciones.

Cuatro de cada diez trabajadores reducirán los días de viaje, mientras que otro 37,2% optará por buscar destinos o alojamientos más económicos. Apenas un 22,7% mantendrá sus planes sin modificaciones.

El estudio apunta además a diferencias entre colectivos. Las mujeres son quienes afirman verse más afectadas por el encarecimiento tanto en sus hábitos de consumo como en la planificación de sus vacaciones, mientras que el grupo de entre 25 y 44 años concentra el mayor nivel de reajuste.

No resulta casual. Se trata de una franja de edad especialmente expuesta al incremento del coste de las hipotecas, los alquileres y las cargas familiares, factores que reducen el margen disponible para el ocio y el descanso.

El poder adquisitivo también condiciona el bienestar

En los últimos años, las empresas han incorporado el bienestar como uno de los pilares de su propuesta de valor al empleado. Sin embargo, la capacidad de desconectar no depende únicamente de las políticas internas.

La situación económica de los profesionales empieza a convertirse en un factor que condiciona la calidad del descanso.

Reducir días de vacaciones, renunciar a determinados viajes o limitar el presupuesto disponible puede disminuir el efecto recuperador que tradicionalmente se asocia al periodo estival, especialmente tras varios años marcados por la inflación.

Para Recursos Humanos, este contexto vuelve a situar el bienestar financiero en el centro de la conversación, junto a otras iniciativas como la retribución flexible, los beneficios sociales o los programas de educación financiera.

Diferencias según el territorio

El impacto tampoco es homogéneo entre comunidades autónomas.

Canarias encabeza el ranking de regiones donde el aumento del coste de la vida está teniendo un mayor efecto sobre los trabajadores: el 82,1% prevé modificar sus vacaciones y el 80,1% asegura haber cambiado ya sus hábitos de consumo. Galicia y la Comunidad Valenciana completan las comunidades más afectadas por este fenómeno.

En el extremo opuesto se sitúan Asturias, Aragón y el País Vasco, donde el porcentaje de trabajadores que afirma haber tenido que reajustar su consumo y sus vacaciones es sensiblemente inferior.

Un reto que también llega a las empresas

Aunque las vacaciones pertenecen al ámbito personal, las dificultades para disfrutarlas tienen implicaciones que trascienden al trabajador.

El descanso es uno de los principales factores de recuperación física y mental, y constituye un elemento clave para prevenir el agotamiento, mantener la motivación y favorecer el rendimiento tras el periodo estival.

En un momento en el que las compañías compiten por atraer y fidelizar talento, el deterioro del poder adquisitivo introduce un nuevo desafío para las estrategias de experiencia del empleado.

Porque cuando siete de cada diez profesionales necesitan replantearse sus vacaciones, el debate ya no se limita al turismo o al consumo. También interpela a las organizaciones sobre cómo acompañar a sus plantillas en un contexto donde el bienestar depende, cada vez más, de factores que van más allá del lugar de trabajo.