El bienestar laboral se convierte en la principal prioridad para atraer talento, según Esade e ISS

El II Barómetro Esade-ISS de la Sostenibilidad en el Workplace sitúa el bienestar como la práctica más relevante para la atracción de profesionales, frente al noveno puesto que ocupaba hace dos años. El estudio también plantea una revisión del papel de las oficinas: las personas valoran la presencialidad cuando encuentran espacios que mejoran su experiencia de trabajo.

NOTICIA

Redacción

10/29/20267 min leer

El bienestar laboral ha dejado de ocupar un lugar secundario en las estrategias de atracción de talento. Lo que hace apenas dos años aparecía entre las últimas prioridades de las organizaciones se sitúa ahora en primera posición.

Así lo recoge el II Barómetro Esade-ISS de la Sostenibilidad en el Workplace, impulsado por el Instituto de Innovación Social de Esade junto a ISS Iberia, que identifica un cambio significativo en la importancia que las empresas conceden al bienestar de sus profesionales.

Según el informe, el bienestar ha pasado del noveno al primer puesto como práctica clave para atraer talento en apenas dos años.

El dato refleja una evolución en la manera de entender la relación entre las personas y las organizaciones. Las condiciones laborales, la salud mental, la conciliación y la calidad de los espacios de trabajo adquieren un protagonismo creciente en una conversación que durante años estuvo más centrada en la remuneración y las oportunidades de desarrollo.

Sin embargo, el estudio introduce una reflexión que va más allá de los beneficios corporativos: el bienestar no depende únicamente de las iniciativas que una empresa ofrece, sino de cómo se trabaja dentro de ella.

Del bienestar como beneficio al bienestar como condición de trabajo

Una de las principales ideas del barómetro es la necesidad de abandonar una visión del bienestar basada exclusivamente en medidas puntuales.

Las actividades de salud, los programas de apoyo o las iniciativas de conciliación pueden contribuir a mejorar la experiencia de los profesionales, pero su impacto resulta limitado si las condiciones cotidianas de trabajo generan desgaste.

El informe plantea que un entorno laboral saludable debe construirse sobre elementos sostenidos en el tiempo: seguridad, respeto, conciliación, prevención de la sobrecarga y atención a la salud mental.

Desde esta perspectiva, el bienestar deja de ser una cuestión complementaria para convertirse en parte de la propia organización del trabajo.

La distribución de responsabilidades, los ritmos laborales, la calidad del liderazgo y la posibilidad de mantener relaciones profesionales saludables influyen en cómo las personas viven su jornada.

Esta evolución plantea un desafío importante para Recursos Humanos.

No basta con incorporar programas de bienestar si la forma de trabajar continúa generando las situaciones que esos programas intentan compensar.

La cuestión no consiste únicamente en ampliar el catálogo de beneficios, sino en revisar las condiciones que pueden favorecer o dificultar una experiencia laboral saludable.

La oficina necesita ofrecer algo más que un puesto de trabajo

El cambio en las expectativas de los profesionales también está modificando la manera de entender la presencialidad.

Durante los últimos años, muchas organizaciones han centrado sus debates en cuántos días deben acudir los empleados a la oficina.

Sin embargo, los datos recogidos por ISS Iberia sugieren que la conversación debería incorporar otra pregunta: ¿qué encuentran las personas cuando llegan a su lugar de trabajo?

El estudio «La revolución del workplace: Reimaginando la presencia», impulsado por ISS Iberia, señala que la valoración de la oficina está relacionada con la experiencia que ofrece y con su capacidad para facilitar una jornada fluida, flexible y equilibrada.

Según sus resultados, tres de cada cuatro personas encuestadas expresan satisfacción con su entorno laboral y las condiciones de las instalaciones.

Al mismo tiempo, un 25% afirma que le gustaría disponer de más elementos orientados al bienestar en el espacio de trabajo.

Ambos datos permiten observar una realidad que no siempre aparece en los debates sobre el retorno a la oficina.

La satisfacción con las instalaciones puede ser elevada y, aun así, existir margen para mejorar las condiciones que favorecen la concentración, la comodidad y la experiencia cotidiana.

Para las organizaciones, esto implica revisar el valor que aporta el espacio físico.

Una oficina puede disponer de buenas instalaciones y, sin embargo, no responder adecuadamente a las necesidades de colaboración, privacidad, descanso o flexibilidad de sus profesionales.

La presencialidad tiene más sentido cuando la oficina aporta algo que las personas consideran valioso para trabajar mejor.

La soledad laboral también puede crecer en organizaciones conectadas

El II Barómetro Esade-ISS también advierte sobre las dificultades que pueden acompañar a los nuevos modelos de trabajo.

Según el informe, la evolución hacia entornos más virtuales se relaciona con una mayor preocupación por la soledad laboral, la pérdida de compromiso y el debilitamiento de la confianza en el liderazgo.

La reflexión resulta especialmente relevante porque cuestiona una idea habitual: que disponer de más herramientas de comunicación garantiza una mayor conexión entre las personas.

Las organizaciones pueden mantener reuniones constantes, utilizar plataformas colaborativas y disponer de múltiples canales digitales sin conseguir necesariamente que sus profesionales se sientan acompañados.

La conexión tecnológica no equivale siempre a conexión humana.

El reto no consiste en atribuir estos problemas exclusivamente al teletrabajo o a los modelos híbridos. También pueden aparecer en organizaciones con una elevada presencialidad.

La cuestión está en cómo se diseñan las relaciones profesionales, qué espacios existen para colaborar y cómo se construye la confianza entre responsables y equipos.

En este contexto, el barómetro defiende una gestión intencional del bienestar, que tenga en cuenta tanto los espacios físicos como la experiencia relacional de las personas.

El diseño del trabajo también influye en la salud mental

Uno de los aspectos más interesantes del análisis es su interpretación del concepto workplace.

Tradicionalmente, el término se ha asociado con las oficinas, las instalaciones y los servicios que permiten desarrollar la actividad laboral.

Sin embargo, ISS plantea una visión más amplia, que incorpora la experiencia cotidiana de los profesionales.

El workplace también está relacionado con la organización de los ritmos de trabajo, la colaboración, la gestión de los equipos y las condiciones en las que se desarrolla la actividad.

Desde esta perspectiva, el entorno laboral puede contribuir a prevenir el desgaste emocional o, por el contrario, intensificar las tensiones.

Un espacio que facilita la concentración, las relaciones profesionales y el descanso puede favorecer el bienestar.

Pero su impacto será limitado si las personas trabajan bajo una presión constante, carecen de autonomía o encuentran dificultades para desconectar.

Esta visión resulta especialmente importante para Recursos Humanos porque conecta la salud mental con decisiones organizativas concretas.

El bienestar psicológico no puede abordarse únicamente desde la responsabilidad individual de cada empleado. También depende de cómo la empresa organiza y lidera el trabajo.

La prevención de riesgos psicosociales, la gestión de las cargas laborales y la calidad de las relaciones profesionales deben formar parte de esa conversación.

Recursos Humanos y Facility Management necesitan trabajar juntos

Los resultados de ambos estudios también ponen de manifiesto la importancia de conectar funciones que tradicionalmente han trabajado de manera separada.

Recursos Humanos suele asumir la responsabilidad de las políticas de bienestar, cultura, experiencia del empleado y desarrollo del talento.

Por su parte, los equipos de Facility Management se encargan de aspectos relacionados con las instalaciones, los servicios y el funcionamiento de los espacios.

Sin embargo, la experiencia de trabajo no distingue entre ambas responsabilidades.

La iluminación, la acústica, la temperatura, la limpieza, la distribución de los espacios o la disponibilidad de zonas de colaboración influyen en la jornada de los profesionales.

También lo hacen las políticas de flexibilidad, la organización de reuniones, la autonomía y la forma en la que los responsables gestionan sus equipos.

Por eso, una estrategia de bienestar necesita una mirada compartida.

El diseño de los espacios debería responder a las necesidades reales de las personas y a las actividades que desarrollan, mientras que las decisiones sobre organización del trabajo deberían tener en cuenta las posibilidades y limitaciones del entorno físico.

La coordinación entre ambas funciones puede ayudar a evitar una contradicción frecuente: invertir en mejorar las oficinas sin revisar las prácticas laborales que condicionan su utilización.

La sostenibilidad también se demuestra en la experiencia de las personas

El barómetro de Esade e ISS sitúa el workplace como uno de los espacios donde la sostenibilidad empresarial adquiere una dimensión tangible.

Las organizaciones pueden formular compromisos relacionados con el bienestar, la diversidad o la responsabilidad social, pero su credibilidad depende en buena medida de lo que experimentan las personas en su actividad diaria.

La calidad de las instalaciones, el respeto, la seguridad y la posibilidad de trabajar en condiciones saludables forman parte de esa experiencia.

El informe relaciona los entornos laborales seguros y comprometidos con mejores resultados organizativos, incluida la productividad, la rotación y el absentismo.

No obstante, conviene interpretar estas relaciones con prudencia: los datos recogidos en la nota de prensa no permiten cuantificar cuánto mejora cada indicador ni establecer una relación causal aplicable a todas las organizaciones.

Lo que sí plantea el estudio es una dirección clara para la gestión empresarial: integrar el bienestar en el diseño del trabajo y no tratarlo como una iniciativa independiente.

El bienestar no se mide por lo que la empresa ofrece, sino por lo que las personas viven

El cambio identificado por el II Barómetro Esade-ISS refleja una transformación relevante en las prioridades de atracción de talento.

Que el bienestar haya pasado del noveno al primer puesto en dos años indica que ha ganado protagonismo en la conversación empresarial.

Pero también obliga a revisar qué se entiende realmente por bienestar.

Una oficina moderna, un programa de beneficios o una política de flexibilidad pueden contribuir a mejorar la experiencia de los profesionales. Ninguna de estas medidas, por separado, garantiza un entorno laboral saludable.

Para Recursos Humanos, el desafío consiste en conectar las políticas de personas con la organización del trabajo, la calidad del liderazgo y las condiciones de los espacios.

Esto implica escuchar a los equipos, identificar fuentes de desgaste y tomar decisiones que permitan trabajar de manera más sostenible.

También exige superar una visión de la oficina centrada exclusivamente en la ocupación y avanzar hacia otra que valore la experiencia que ofrece.

El verdadero cambio no consiste en que las empresas hablen más de bienestar, sino en que las personas puedan reconocerlo en su jornada laboral.

Porque una organización no demuestra cuánto cuida a sus profesionales por el número de iniciativas que anuncia, sino por las condiciones en las que esas personas trabajan cada día.