El 39% de los trabajadores tuvo que acreditar un idioma para conseguir un empleo en el que después no lo utiliza
Una encuesta de Randstad entre casi 5.700 profesionales cuestiona hasta qué punto los requisitos lingüísticos de algunas ofertas responden a necesidades reales del puesto. Entre quienes tienen posgrado, máster o doctorado, el porcentaje alcanza el 63,3%.
NOTICIA


Saber idiomas sigue abriendo puertas en el mercado laboral. Otra cuestión es lo que ocurre una vez que se atraviesan.
El 38,8% de los trabajadores españoles asegura que tuvo que acreditar un segundo idioma durante un proceso de selección y que, una vez contratado, no lo utiliza en su trabajo, según una encuesta de Randstad realizada entre cerca de 5.700 profesionales.
Otro 9,8% tampoco lo ha utilizado hasta ahora, aunque considera que podría llegar a necesitarlo.
En conjunto, prácticamente la mitad de los trabajadores —el 48,6%— dispone de conocimientos lingüísticos que no está utilizando actualmente en su puesto.
Los resultados plantean una cuestión que va más allá del conocimiento de idiomas. Si una competencia resulta imprescindible para superar un proceso de selección pero después desaparece del trabajo cotidiano, ¿era realmente necesaria para desempeñar el puesto?
Cuanto mayor es la cualificación, mayor es la diferencia
La paradoja resulta especialmente visible entre los profesionales con mayor nivel educativo.
El 63,3% de quienes cuentan con un posgrado, máster o doctorado afirma haber tenido que acreditar un idioma que posteriormente no utiliza.
Entre los titulados universitarios de grado, el porcentaje se sitúa en el 50%.
La cifra baja al 34,6% entre quienes tienen Bachillerato o Formación Profesional y al 21,2% entre los trabajadores con Educación Secundaria Obligatoria o estudios primarios.
Existe, por tanto, una relación clara en los datos: cuanto mayor es la formación académica, más frecuente resulta que se exija un idioma que después no forma parte del trabajo real.
Eso abre una conversación interesante para los equipos de Talent Acquisition.
Determinados requisitos pueden convertirse con el tiempo en filtros relativamente automáticos: titulación universitaria, años mínimos de experiencia, conocimiento de determinadas herramientas o un nivel concreto de inglés.
El problema aparece cuando esos criterios sobreviven en la descripción del puesto aunque hayan dejado de ser determinantes para desempeñarlo.
El inglés como filtro, aunque el trabajo no lo necesite
Los datos de Randstad no significan que conocer idiomas haya perdido valor profesional.
De hecho, ocurre prácticamente lo contrario.
El 88,9% de los trabajadores considera que hablar más de una lengua mejora sus posibilidades de encontrar empleo. Un 59% cree que ayuda “mucho” y otro 29,9% que ayuda “algo”.
Además, el 69,3% afirma conocer al menos un idioma adicional a su lengua materna, mientras que el 31% asegura dominar dos o más lenguas extranjeras.
La contradicción está precisamente ahí.
Los idiomas mantienen un elevado valor como señal de empleabilidad incluso cuando no siempre existe una correspondencia directa con las tareas que finalmente realizará el profesional.
En esos casos, acreditar una lengua puede estar funcionando no tanto como una competencia necesaria para el puesto, sino como un mecanismo de selección entre candidatos.
Y esa diferencia importa.
Porque cada requisito añadido a una oferta reduce potencialmente el número de personas capaces —o dispuestas— a presentarse.
El fenómeno se concentra entre los 25 y los 44 años
Las diferencias también aparecen por edad.
El 44,9% de los profesionales de entre 25 y 44 años afirma haber tenido que acreditar un idioma que posteriormente no utiliza, el porcentaje más elevado de todos los grupos analizados.
Entre los jóvenes de 18 a 24 años la cifra baja al 34,9%, mientras que entre los mayores de 45 años se sitúa en el 34,8%.
Curiosamente, son estos últimos quienes más confían en el valor profesional de los idiomas: el 60,6% considera que hablar más de una lengua mejora “mucho” las posibilidades de encontrar trabajo.
Por género, en cambio, prácticamente no existen diferencias: el fenómeno afecta al 39,1% de los hombres y al 38,5% de las mujeres.
Cataluña y Madrid encabezan la lista
La encuesta también encuentra diferencias territoriales importantes.
Cataluña presenta el porcentaje más elevado, con un 45% de trabajadores a quienes se exigió un idioma que posteriormente no utilizan.
Le siguen la Comunidad de Madrid, con un 43,7%; Andalucía, con un 43,3%; y la Comunidad Valenciana, con un 40,2%.
En el extremo contrario aparecen Castilla y León (27,7%), Navarra (28,2%), Galicia (32,4%) y Castilla-La Mancha (32,5%).
La confianza en los idiomas, sin embargo, permanece elevada en todos los territorios analizados: supera el 80% en todas las comunidades incluidas en el estudio.
Quizá haya que revisar también las ofertas de empleo
Durante años, buena parte del debate sobre selección se ha concentrado en encontrar candidatos que cumplan los requisitos de una vacante.
Los datos de Randstad permiten plantear la pregunta en sentido contrario: ¿están las empresas seguras de que todos los requisitos que piden son realmente necesarios?
La cuestión adquiere especial importancia en un mercado en el que numerosas organizaciones hablan simultáneamente de escasez de talento.
Exigir competencias que apenas tendrán aplicación posterior puede dejar fuera a profesionales capaces de desempeñar correctamente el trabajo, prolongar los procesos de selección y crear barreras de acceso que aportan poco valor una vez realizada la contratación.
Eso no convierte los idiomas en un requisito prescindible. En muchos puestos son esenciales y en otros pueden resultar necesarios de manera puntual aunque no se utilicen diariamente.
Pero sí obliga a distinguir entre “sería interesante que lo tuviera” y “lo necesita para hacer bien su trabajo”.
La diferencia parece pequeña cuando se redacta una oferta.
Cuando ese requisito decide quién puede siquiera presentarse, deja de serlo.
Quizá uno de los primeros pasos para mejorar la selección no sea encontrar mejores candidatos, sino revisar con más rigor qué les estamos exigiendo antes de conocerlos.
