Dos de cada tres profesionales siguen conectados al trabajo durante sus vacaciones
Una encuesta realizada por Tiago Santos en LinkedIn revela que solo el 33% de los participantes desconecta completamente durante sus días libres. Más de un tercio revisa asuntos laborales a diario, un dato que vuelve a situar la desconexión digital y la cultura de disponibilidad en el centro de la gestión de personas.
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Las vacaciones no siempre significan dejar de trabajar. Al menos, no mentalmente.
Correos que se consultan “por si acaso”, mensajes que parecen suficientemente importantes como para responder, llamadas puntuales o decisiones que siguen esperando la aprobación de alguien que, oficialmente, está de vacaciones. La tecnología ha facilitado trabajar desde prácticamente cualquier lugar, pero también ha hecho mucho más difícil desaparecer del trabajo.
Una encuesta realizada por Tiago Santos en LinkedIn, en la que participaron 171 profesionales, ofrece una pequeña fotografía de esa realidad: el 67% mantiene algún tipo de conexión laboral durante sus vacaciones y solo uno de cada tres afirma desconectar completamente.
Aunque por el tamaño y metodología de la muestra los resultados no pueden extrapolarse al conjunto del mercado laboral, sí permiten observar un fenómeno reconocible para muchas organizaciones: estar de vacaciones y estar realmente desconectado son dos cosas diferentes.
El 35% revisa el trabajo todos los días
El dato más significativo de la encuesta quizá no sea el de quienes reconocen abiertamente que no consiguen desconectar, sino el de aquellos para quienes mantener cierto contacto con el trabajo se ha normalizado.
El 35% de los participantes asegura revisar algún asunto laboral todos los días durante sus vacaciones, convirtiéndose en la respuesta más frecuente de la encuesta.
A ellos se suman quienes mantienen la conexión para atender determinadas urgencias y un 11% que reconoce directamente que no consigue desconectar.
Frente a ellos, únicamente el 33% afirma lograr una desconexión completa.
La cuestión, por tanto, va más allá de responder o no un correo electrónico. Lo relevante es hasta qué punto los profesionales sienten que pueden dejar de estar disponibles durante unos días sin que su ausencia genere problemas.
La desconexión también habla de cómo está organizada una empresa
La dificultad para desconectar suele abordarse como una cuestión individual: apagar las notificaciones, guardar el ordenador o establecer límites personales.
Pero hay una dimensión organizativa menos visible.
Cuando una persona considera necesario consultar diariamente qué ocurre durante sus vacaciones, cabe preguntarse si responde exclusivamente a una decisión personal o si existen dinámicas de trabajo que favorecen esa disponibilidad permanente.
Equipos excesivamente dependientes de determinadas personas, ausencia de mecanismos claros de sustitución, información poco compartida o culturas donde responder rápidamente se interpreta como compromiso pueden convertir las vacaciones en una interrupción parcial del trabajo en lugar de en un periodo real de descanso.
Desde esa perspectiva, la capacidad de una persona para ausentarse también dice algo sobre la madurez organizativa de la compañía.
Del derecho a desconectar a la capacidad real de hacerlo
La desconexión digital lleva años formando parte de la conversación sobre bienestar laboral. Sin embargo, disponer de políticas o reconocer formalmente ese derecho no significa necesariamente que las personas se sientan capaces de ejercerlo.
La cultura cotidiana pesa.
Un responsable que continúa escribiendo a su equipo mientras está de vacaciones, una organización donde las urgencias son frecuentes o un profesional que sabe que a su regreso encontrará una acumulación difícilmente asumible pueden acabar debilitando cualquier política formal de desconexión.
Por eso, uno de los retos para Recursos Humanos no consiste únicamente en proteger los días libres, sino en crear organizaciones capaces de funcionar cuando alguien no está.
Eso implica mejores procesos de delegación, información accesible para el equipo, responsabilidades compartidas y una planificación que evite convertir determinadas posiciones en imprescindibles para cualquier decisión.
Las vacaciones como indicador de cultura
Hay otra lectura posible de estos datos. La capacidad para desconectar puede funcionar como un pequeño test sobre la cultura de una organización.
Si un profesional puede marcharse durante dos semanas sin consultar el correo y el equipo continúa funcionando, probablemente existan confianza, autonomía y mecanismos adecuados para gestionar su ausencia.
Si, por el contrario, necesita revisar diariamente lo que sucede, quizá el problema no esté únicamente en su relación personal con el teléfono.
Las vacaciones sirven para descansar, pero también revelan cómo hemos diseñado el trabajo durante el resto del año.
Porque la verdadera desconexión no consiste simplemente en cerrar el ordenador. Consiste en saber que podemos desaparecer durante unos días sin sentir que todo sigue dependiendo de nosotros.
Fuente: encuesta “¿Desconectas de verdad en vacaciones?”, realizada por Tiago Santos en LinkedIn, con 171 respuestas.
