Cuando cuidarse se convierte en otra obligación: los riesgos de la autoexigencia masculina

Con motivo de Movember, Cigna Healthcare advierte de que la obsesión por el ejercicio, la alimentación y el rendimiento físico puede acabar perjudicando el bienestar emocional. Los expertos identifican cinco señales que indican cuándo los hábitos saludables empiezan a convertirse en una fuente de estrés.

NOTICIA

Redacción

11/3/20265 min leer

Hacer ejercicio, comer de forma equilibrada, dormir bien y mantener una buena condición física son hábitos asociados a una vida saludable. Sin embargo, cuando el cuidado personal se transforma en una exigencia constante, sus beneficios pueden empezar a desaparecer.

Entrenar incluso cuando el cuerpo necesita descansar, sentir culpa por saltarse una sesión de gimnasio o rechazar encuentros sociales para no alterar una dieta son comportamientos que pueden esconder una relación poco saludable con el autocuidado.

Esta es una de las reflexiones que plantea Cigna Healthcare España con motivo de Movember, el movimiento internacional que cada noviembre busca aumentar la concienciación sobre la salud masculina.

La compañía advierte de que la presión por alcanzar determinados objetivos físicos puede convertir prácticas aparentemente positivas en nuevas fuentes de ansiedad, estrés y agotamiento.

Los hombres se cuidan más, pero ¿se cuidan mejor?

La atención de los hombres a su salud física ha aumentado durante los últimos años.

Según los datos de la Encuesta de Salud de España, elaborada por el Ministerio de Sanidad y el Instituto Nacional de Estadística (INE), el porcentaje de hombres que practicaban ejercicio físico durante su tiempo de ocio pasó del 52,82% al 64,10% entre 2023 y 2025.

Durante ese mismo periodo, el tiempo medio dedicado a la actividad física aumentó de 291 a 335 minutos semanales. También creció la práctica de ejercicios de fortalecimiento muscular, del 36,63% al 48,54% entre quienes los realizaban al menos una vez por semana.

Esta evolución estuvo acompañada de mejoras en los hábitos alimentarios, con un mayor consumo diario de frutas y verduras y una reducción del consumo frecuente de comida rápida.

Sin embargo, estos avances no siempre se traducen en un mayor bienestar.

Cuando el ejercicio, la alimentación o las rutinas de descanso se convierten en obligaciones rígidas, pueden aparecer consecuencias físicas y emocionales que contradicen el propósito inicial de cuidarse.

«Que los hombres presten cada vez más atención a su salud es una evolución muy positiva, especialmente porque durante mucho tiempo determinadas necesidades relacionadas con el bienestar masculino han recibido menos atención», explica la Dra. Daniela Silva, especialista en Medicina Interna y E-Health Medical Manager de Cigna Healthcare España.

La especialista recuerda que cuidarse no significa exigirse constantemente ni perseguir determinados estándares físicos a cualquier precio.

Cinco señales de que el autocuidado se está convirtiendo en autoexigencia

Los especialistas de Cigna Healthcare identifican cinco comportamientos que pueden revelar que una rutina saludable está empezando a tener consecuencias negativas.

1. Cuando comer saludable se convierte en una obsesión

Mantener una alimentación equilibrada es importante, pero seguir dietas excesivamente restrictivas, eliminar determinados alimentos o recurrir a suplementos sin supervisión profesional puede provocar problemas nutricionales y físicos.

La preocupación constante por lo que se come también puede generar ansiedad y sentimientos de culpa.

Los expertos recomiendan mantener una relación flexible con la alimentación, evitando convertir cada comida en una prueba de disciplina.

2. Cuando descansar parece una derrota

Entrenar más no siempre significa entrenar mejor.

La fatiga persistente, la irritabilidad, las molestias musculares recurrentes o la disminución del rendimiento pueden indicar que el organismo no se está recuperando adecuadamente.

Sin embargo, algunas personas continúan entrenando por miedo a perder los progresos alcanzados.

Para Cigna Healthcare, una señal especialmente reveladora es la reacción emocional ante un entrenamiento perdido: sentir ansiedad o culpa por descansar puede ser tan importante como detectar el agotamiento físico.

3. Cuando el ejercicio empieza a quitar horas de sueño

Madrugar para entrenar o dedicar demasiado tiempo a organizar rutinas puede terminar reduciendo las horas de descanso.

Esta falta de sueño afecta a la recuperación muscular, la concentración, la regulación hormonal y el rendimiento físico.

Los especialistas recomiendan dormir entre siete y nueve horas diarias y mantener horarios regulares.

Después de una noche de descanso insuficiente, reducir la intensidad del ejercicio puede resultar más beneficioso que añadir un esfuerzo adicional.

4. Cuando todo tiene que ser productivo

La necesidad de mejorar constantemente puede extenderse del trabajo a la alimentación, el deporte y el tiempo libre.

En estos casos, el autocuidado deja de ser una experiencia de bienestar y se convierte en otra lista de objetivos que cumplir.

Descansar genera culpa, los imprevistos provocan frustración y desconectar resulta cada vez más difícil.

Los expertos aconsejan reservar espacios sin actividades programadas y recuperar aficiones que no estén asociadas a indicadores de rendimiento.

Leer, pasear o disfrutar de una actividad creativa también forman parte del bienestar, aunque no produzcan resultados medibles.

5. Cuando cuidarse implica renunciar a la vida social

Rechazar cenas, celebraciones o encuentros con amigos para no alterar una dieta o perder un entrenamiento puede parecer una muestra de disciplina.

Sin embargo, cuando estas renuncias se vuelven habituales, el autocuidado puede empezar a limitar otras dimensiones esenciales de la vida.

Las relaciones personales contribuyen a gestionar el estrés y proteger el bienestar emocional.

Por ello, los especialistas recomiendan mantener rutinas flexibles y evitar compensar con restricciones o ejercicio adicional las ocasiones en las que se disfruta de una comida fuera de casa.

La cultura del rendimiento también influye en cómo nos cuidamos

La reflexión sobre la autoexigencia masculina trasciende el ámbito deportivo y conecta con una cuestión cada vez más presente en las organizaciones: la dificultad para desconectar de una cultura orientada permanentemente al rendimiento.

La necesidad de aprovechar cada minuto, cumplir objetivos y demostrar progresos puede trasladarse también a los hábitos personales.

Así, actividades que deberían contribuir al bienestar terminan sometidas a la misma lógica de productividad que muchas personas experimentan en su vida profesional.

Esta situación plantea un desafío para la gestión del bienestar en las empresas: promover hábitos saludables no debería significar añadir nuevas exigencias a personas que ya conviven con altos niveles de presión.

El descanso, la flexibilidad y la capacidad de desconectar también forman parte de una vida saludable, aunque sean dimensiones más difíciles de cuantificar.

Como recuerda la Dra. Daniela Silva, «la salud no debe medirse únicamente por el rendimiento físico o la apariencia, sino también por el bienestar emocional y la capacidad de mantener unos hábitos sostenibles».

El bienestar no debería convertirse en otra competición

La creciente preocupación por la salud masculina representa un avance positivo. Sin embargo, los especialistas recuerdan que los hábitos saludables deben contribuir a mejorar la calidad de vida, no convertirse en una fuente adicional de presión.

El verdadero equilibrio no consiste únicamente en entrenar, alimentarse correctamente o alcanzar determinados objetivos físicos, sino también en reconocer cuándo es necesario descansar, flexibilizar las rutinas y dedicar tiempo a otras dimensiones de la vida.

Porque cuidarse también significa saber parar, aceptar los propios límites y comprender que no todo tiene que convertirse en un objetivo de mejora constante.